Sobre la narrativa de detección:
Manuel Vásquez Montalbán
o la espiral de la literatura
Mercedes Ortega González-Rubio
María Fernanda Solano
Universidad Pedagógica Nacional
Bogotá - Colombia
"La novela policíaca pertenece a esa clase
de expresiones culturales que constantemente
han de estar pidiendo perdón por haber nacido".
Manuel Vázquez Montalbán
Al situarnos en el mundo del género policíaco, encontramos que este nació oficialmente en los siglos XVIII y XIX y está íntimamente ligado a la divulgación científica y a la evolución de la policía y de la administración de justicia. Tiene múltiples influencias de otras formas de relatos como el cuento de misterio, de fuga y persecución, de terror o la historia de escalofrío. Edgar Allan Poe propuso que los relatos de detección debían tratar de un misterio racionalizado, es decir, resuelto por un procedimiento racional basado en la observación (explicaciones científicas o sicológicas y procesos analíticos rigurosos). Decayó rápidamente como un género popular, a consecuencia de la revolución de la imprenta, quedando así atrapado dentro del paradigma de las ediciones baratas, portadas chillonas, aventuras sin pretensiones, "literatura de entretenimiento" o de fácil consumo.
Ya en el siglo XIX la literatura se vuelve violenta, debido principalmente al alto índice de criminalidad en la modernidad, producido por la revolución industrial que transformó a la sociedad agraria. Comenzó la industrialización, el crecimiento de las urbes y la implantación del sistema capitalista burgués; la clase trabajadora que creció desmesuradamente era insuficientemente remunerada y vivía hacinada en las ciudades. El delito urbano se incrementó, al igual que la conciencia pública del mismo.
Precisamente para preservar el orden público burgués se crean los modernos cuerpos de policía como el de Scotland Yard en Inglaterra y la CIA en Estados Unidos. Dentro de ellos, la figura del inspector o detective a cargo de la investigación de la acción criminal es básica; por eso a partir de entonces se comienzan a escribir narraciones de la investigación policial, cuyos protagonistas luchan contra el miedo y la inseguridad de la vida moderna burguesa, y garantizan la restauración del orden temporalmente alterado por la acción criminal.
En la primera mitad del siglo XX la abundancia y dudosa calidad de este tipo de literatura sirvieron para que su fisonomía se definiera; los temas, personajes y situaciones se determinaran y el esquema estructural de la narración se estableciera. Aparecieron otras formas de novela policíaca, como la denominada serie negra, surgida en Estados Unidos en los años veinte y treinta cuando surgió el crimen organizado durante el periodo de la depresión económica y gran corrupción; es caracterizada por ser una crítica a la ineficacia del sistema político, económico, social y judicial.
Sin embargo, es indudable el éxito entre el público que la novela policíaca y todos los demás tipos de relatos cercanos a ella han tenido; el lector se siente identificado con los personajes, con las dificultades cotidianas a que se ven enfrentados; el mundo de la violencia le es cercano; es quizás la única forma que tiene para realizar idealmente sus propios instintos reprimidos, para creerse él también un criminal o un detective investigador sagaz, en contacto directo con lo desconocido, lo misterioso; en el fondo no es más que despertar la sensibilidad romántica de lector en busca de esperanzadores remedios para su monótona existencia real.
Específicamente en España, la novela policíaca tuvo su propio desarrollo, ligado a su historia política: la dictadura del General Francisco Franco durante casi cuatro décadas (1939-1975). Los años que siguieron al régimen autoritario fueron de grandes crisis sociales; fenómenos como el desempleo, el aumento de la drogadicción, de la criminalidad y de la inseguridad ciudadana fueron propicios para que surgiera el género policíaco negro en España. La generación de autores de este periodo, como Vázquez Montalbán, presentó en sus novelas los ambientes urbanos llenos de violencia, de crimen y de miedo. El sistema democrático, la sociedad capitalista urbana, la modernización de la sociedad española que abrió el acceso masivo a la educación universitaria y a la publicación de revistas culturales debido a la desaparición definitiva de la censura a partir de 1977, fueron elementos claves para que el contexto propicio de esta literatura se diera.
La novela de Manuel Vázquez Montalbán es una crónica colectiva durante y después de la transición democrática, el posfranquismo. Tres Historias de Amor (1987) son tres novelas cortas que pertenecen a la serie Carvahlo, donde este es el detective protagonista. Se puede decir que Pepe Carvahlo es el clásico detective privado, cuarentón, con un oficio mediocre, gran gourmet y catador de vino, inexplicable seductor con mucho éxito, con una amplia experiencia en su trabajo que lo hace sagaz, pero no por naturaleza sino por costumbre; escéptico, con una visión negativa de la vida, no acepta ningún tipo de ataduras ni compromisos. Es una persona culta; posee una gran biblioteca, pero todos los días escoge un libro y lo utiliza para encender la chimenea. Esta quema de libros parece un acto rebelde en contra de los cánones establecidos de los clásicos, de la cultura domadora y dominadora, un rechazo y una burla al intelectualismo: "[Carvahlo] va al living y busca un libro en una gran estantería llena de vacíos […]. —Te lo mereces. Desguaza el libro y lo coloca en la parrilla de la chimenea" (p. 122, 123). Carvahlo quiere destruir la influencia que la literatura, como un reflejo de la cultura, ejerce sobre los individuos.
Otra de las características más sobresalientes de Carvahlo es su amor por la gastronomía y la culinaria, en el que se refleja su pasado pues ahora en los años de posfranquismo devora todo de lo que anteriormente, en la dictadura, se vio privado, cuando la comida era escasa. La inclusión de la gastronomía típica española es un elemento muy costumbrista que sirve para contextualizar el relato policíaco dentro del país y para retardar la narración, darle pausas o catálisis, según la expresión de Barthes, y acentuar la espera y el suspense.
La primera historia del libro Tres Historias de Amor es "Las Cenizas de Laura". En esta encontramos que la última voluntad de Laura Buscató, antigua amante de Carvahlo, es que sus cenizas le sean entregadas a este. Al día siguiente una amiga de la muerta lo contrata para que investigue el asesinato. Carvahlo va al apartamento de Laura; allí habla con una vecina chismosa. Se cree que Jacinto, estudiante —examante de Laura— es el asesino. Finalmente el culpable resulta ser el marido pedicuro de la vecina, quien había intentado tener relaciones con Laura, y al recibir una negativa como respuesta, la asesina.
El personaje Laura encarna una gran crítica a los bohemios seudo-intelectuales sin pizca de criterio. "Carvahlo […] reconstruye una imagen de mujer a partir de los objetos que selecciona su mirada […]. Posters inevitables sobre revoluciones aplazadas y causas incipientes […]. Y libros, libros, libros. De cada uno de sus lomos brota una consigna o un auto de fe sobre la antigua modernidad progresista […]." (p. 26, 27).
Carvahlo abre un nuevo mundo para Laura: "yo le dije que tenía a su disposición mis libros", pero todo es una estrategia para estar con ella: "[…] pero en mi ofrecimiento de los libros estaba el deseo de que viniera a casa, de acercarse a mi tela de araña" (p. 17). La lectura cambia a Laura, quien estudia y se hace profesora; se divorcia y se vuelve activista política y sexual. La sociedad, representada por la vecina, "clásica casadita reprimida pendiente de los vicios ajenos" (p. 27), y el marido de esta, ve en Laura a una provocadora, libertina, de conducta amoral, sin escrúpulos. Es por eso que el vecino cree que él también puede ser un amante, y termina asesinándola al ser rechazado.
Los modelos literarios determinan el comportamiento de esta mujer, quien antes de entrar en contacto con la literatura por medio de Carvahlo (Prometeo, dador del fuego del saber), era una ama de casa y madre, sumisa y simple; luego de "emanciparse", quiere repetir su historia en los demás, convertirse también en Prometeo, así que se actúa como salvadora de otros, redentora de los débiles o rechazados.
La segunda historia tiene como título "De lo que pudo haber sido y no fue". El ex-rockero José María Lacasa Torres es encontrado asesinado. El Señor Gratacós, ex-compañero de este en la banda Los Gatos con Botas, contrata a Carvahlo para que aclare el crimen. Carvahlo visita primero a Luis Armenteras , alias Luigi Piamonte, tercer ex-integrante del grupo, quien era amante del muerto, luego al cuarto ex-integrante, y finalmente a Silvana, la esposa, madre de Eduardito, el niño cantor. José María se había prostituido (?), así que Carvahlo visita a varios ex-clientes para buscar pistas, sin éxito. Consultando con un amigo, se entera de que José María era copropietario de varios apartamentos junto con Luigi Piamonte. El Señor Gratacós acusa a este último del asesinato de José María. Después de renovadas entrevistas con Silvana y Luigi, Carvahlo infiere que el señor Gratacós es el asesino, eterno enamorado secreto de José María; Carvahlo no lo denuncia.
Esta segunda historia es básicamente un crimen pasional de homosexuales. José María tenía 42 años, "vivía como rockero como si siguiera siendo un muchacho, miembro de un conjunto musical de barrio" (p. 62), con un solo éxito en los años sesenta: "Catalina es cosa fina". Claro que detrás de esta historia de bajos fondos hay una fuerte crítica a las revoluciones pasadas y fracasadas.
"los rockeros […] creyeron que la música asustaría a los capitalistas y a los militares […]. El día en que los cadetes de las academias militares y los herederos de la burguesía aprendieron a bailar el rock se acabó la revolución […]. Ahora (los gilipollas) estaban jubilados de rockeros […]. Imbéciles. Opusieron sus guitarras a las ametralladoras y acabaron ocupando el primer puesto en el hit parade de los cuarteles, a poca distancia, esos sí, de las marchas militares" (p. 90, 91).
Otra crítica presente es la que se hace a la falta de sensibilidad de la sociedad ante la violencia crónica. Una vez Carvahlo le dice al señor Gratacós: "—Usted le mató y me encargó la investigación en vista de que la policía no daba importancia al asunto y no iba a por Luigi" (p. 107), Vázquez Montalbán parece reñir con el lector, hacerle ver que no se siente conmovido con la situación, que ya se encuentra predispuesto a no dejarse afectar emocionalmente por la agresividad y violencia de la acción.
En la historia final, "La Muchacha que no sabía decir no", Marcel Marti contrata a Carvahlo para espiar a su esposa, Marta Sirvent. Carvahlo la descubre en un hotel con un amante que al día siguiente aparece asesinado. Luego se hace amigo y amante de Marta y la protege a petición de su esposo. A los pocos días el Señor Marti despide a Carvahlo al enterarse de que este le ocultaba información. El Señor Marti es sorprendido huyendo del país con una amante; luego Marta le confiesa todo a Carvahlo: ella actuaba como amante de hombres para obtener dinero; Marti estaba al tanto y de acuerdo con todo esto. Solo que un cliente se volvió muy difícil, y por eso lo mataron. Carvahlo era parte del plan para que sirviera de coartada en el asesinato. Finalmente Carvahlo deja a Marta y esta continúa en su vida anterior.
En este relato Marta Sirvent una noche le es infiel a su marido, pero él lo acepta y convierte el hecho en un negocio lucrativo; es un claro ejemplo del desmoronamiento de la sociedad; los individuos son llevados por los modelos que se venden el la televisión (ser guapo y rico). "—Habéis matado a un hombre, dijo Carvahlo con poca esperanza de ser escuchado. No lo fue. Marta se metió en su portal de lujo […] y se fue en busca de alguna pequeña obsesión" (p. 162).
La evidente presencia de los modelos culturales y literarios establecidos en el conjunto de las tres novelas no las convierte en simples copias y repeticiones; la intención de la narración es la de aceptarlos, reconocerlos; se plantea que es imposible en la actualidad aislarse de estas influencias. Hay una autoconciencia de que se es un estereotipo. El mismo Vázquez Montalbán nos dice que "no se puede concebir la eliminación radical de la literatura de manera voluntaria".
La intertextualidad en estos relatos es total, y no es en lo absoluto inocente. La inclusión consciente de los códigos existentes se hace explícita, por ejemplo, en la quema de libros, tan a la manera de Don Quijote de la Mancha o la afición de Carvahlo por la comida, que nos hace acordar inmediatamente de Gargantúa y Pantagruel, hipérbole de todo glotón.
Otra característica esencial en esta obra es la gran variedad de lenguajes que el autor incluye, como reflejo también de la sociedad actual, llena de contradicciones y ambigüedades. Esta pluralidad sirve para que la historia contemporánea española quede plasmada de una especial manera; esta es el collage, que básicamente viene a ser "un ensamblaje de materiales fragmentarios y de procedencia diversa que en su unión producen una obra nueva y distinta de la suma de las diferentes partes que la componen". Esta técnica podría adjetivarse como posmoderna, pues es una ideal forma de recuperar el pasado, integrarlo con elementos del presente, creando así una nueva totalidad.
Vázquez Montalbán escoge el formato de la novela policíaca negra, pero esta es solo el recipiente en que mezclará una diversidad de ingredientes. Decidirse por él, conlleva beneficios ya que el público se encuentra familiarizado con él, sabe que habrá acción, aventura y misterio. Sin embargo, según las pautas que dio Poe para los relatos de detección, nuestro autor se olvida de ellos y toma nuevos rumbos. Todos los elementos de la narración deberían dirigirse a lograr un mismo efecto, el que se ha trazado el autor. En las novelas de Vázquez Montalbán, el hilo conductor muchas veces es desviado hacia asuntos que no tienen mucha relación con la revelación del crimen, como cuando introduce introspecciones sicológicas, la búsqueda de la identidad del protagonista, el retrato de una sociedad en degeneración, la crítica a la historia. Esto, unido a la diversidad de discursos (canciones, propaganda publicitaria, crítica literaria, peroratas políticas pro o anti-revolucionarias) acentúa el carácter de collage de estas novelas.
La novela de Vázquez Montalbán no es la tradicional, clásica objetiva y realista; es una novela experimental moderna, o más, posmoderna. Reconoce el pasado, lo ya existente, pero más que utilizarlo, lo recicla, dándole un enfoque totalmente distinto. La estética de retorno a los modelos clásicos, tales como la novela policíaca o el costumbrismo, podría hacer de ella una manifestación anacrónica y monótona; pero es desacralizante, no toma demasiado en serio al pasado, a los modelos fijos, juega y se burla de ellos. Una de las formas de hacerlo es contaminándolos con lo cotidiano: lo ridículo del ser humano, las anécdotas convencionales, el lenguaje común.
La influencia tan grande de medios como la televisión y el cine y su entrada al mundo de lo literario se hacen explícitas aquí. Las posiciones intelectuales en las que lo vulgar no debía juntarse con lo culto ya están revaluadas. "Cuando las novelas policíacas empiezan a […] ofrecer la pluridimensionalidad de una obra abierta […] suscita(n) la alarma de los guardianes de la pureza de lo literario", nos comenta Vázquez Montalbán. El propósito de este tipo de novelas es también el de recuperar el sentido lúdico de la escritura. Leer es ante todo placer, en principio, inocente, ingenuo.
El mundo actual es consumista, casi frívolo, de cultura light,, y la literatura no se aleja de la realidad, del contexto histórico; simplemente la plasma a su manera, con las herramientas que ella misma le proporciona. El despegue económico español de los sesentas creó modelos de consumo. La comercialización de la televisión, del cine y de la música popular convirtió la mercancía en accesible y masificada. La tecnología hizo de los países ya no islas sino una aldea global que se volvió realidad. Vázquez Montalbán pertenece a una generación que nació y creció bajo la influencia de los medios de comunicación de masas.
La actualidad está cargada de violencia y truculencia; tal situación hace que la narrativa retorne el misterio: Misterio en la ciudad, gran emblema de la sociedad capitalista. Toda la literatura moderna es absolutamente urbana. La inocencia costumbrista quedó hace tiempo atrás; si hay costumbrismo es para desmitificarlo, para servirse de él como elemento de contextualización de las historias.
Al leer Tres historias de amor, se puede sentir un gran vacío y pensar que no hay nueva forma en la narrativa actual hasta cuando nos damos cuenta de que así es la historia, una espiral de eterno retorno. A través de ellas, policíacas y de collage, podemos observar cómo se plasma a manera de crónica el desenvolvimiento de la sociedad española, que por ser parte de un todo, ejemplifica también la vida posmoderna en general, con su superficialidad y su trascendentalismo.
BIBLIOGRAFÍA:
1. BALIBREA ENRÍQUEZ, Mari Paz. En la Tierra Baldía: Manuel Vázquez Montalbán y la Izquierda Española en la Postmodernidad. Madrid, El viejo Topo, 1999.
2. COLMEIRO, José. La novela Policíaca Española: Teoría e Historia Crítica. Barcelona, Anthropos, 1994.
3. DE MONTE, Alberto. Breve Historia de la Novela Policíaca. Madrid, Taurus, 1962.
4. VÁZQUEZ MONTALBÁN, Manuel. Tres Historias De Amor. Barcelona, Planeta, 1987.
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© Mercedes Ortega González-Rubio
María Fernanda Solano
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista de Estudios Literarios
Volumen I - Número 2
Julio-Agosto-Septiembre de 2000
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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