Edad de hierro
Antonio Silvera Arenas
Literatura - Universidad Nacional de Colombia
Escuchar poemas
en la voz de su autor:
Nacido en Barranquilla (Colombia), en 1965,
cursó estudios de Literatura
en la Universidad Nacional de Colombia.
De su libro Edad de hierro/Mi sombra no es para mí,
publicamos la siguiente muestra.
Ya no hay princesa que cantar...
Rubén Darío
¿Y qué voy a cantar en este tiempo adverso?
Mi padre me lo dijo:
"Es tiempo de abogados".
Mas yo, como Quijano, y aún peor --sin adarga,
sin manes ancestrales--
me lancé a la aventura.
El esmog de las calles me embriagó como un vino
y los autos veloces me parecían pegasos.
Todos los disparates de este tiempo ferruno:
televisión, antenas, aviones, metralletas,
me parecían prodigios de un sabio encantador.
Contra ellos expuse mi pecho adolescente,
y cuando caí vencido por una tuerca loca
que algún pastor moderno me arrojó con su honda
no hubo una doncella ni un bálsamo ni Sancho
que atendiera mi triste figura endemoniada.
¿De qué me quejo, entonces,
si estoy manco y perdido?
Mi padre me lo dijo:
"Es tiempo de abogados".
Lloviendo
1
La lluvia carcelera reúne lo disperso:
el viejo jubilado
la muchacha y su perro
el vestido y el flaco
la señora pintada que pelea con los años,
todos bajo un alero
--desconocidos que nunca se buscaron--
convergen y en silencio
como una tribu antigua
se transmiten calor.
2
La lluvia carcelera convoca al corazón:
nos torna a las entrañas
y las brasas dormidas se reaniman,
y la llama escondida
que hasta el mísero lleva
reconforta las manos,
los rostros ilumina.
Repaso
Mientras crece tu vientre
busco en mí lo perdido,
las palabras que antes
me traían los prodigios.
Indago por aquel
que fue un día y ya no existe,
a quien todas las cosas
le confiaban arcanos
e intuía en los albores
una extraña partida.
En la informe y difusa
relación del pasado,
busco aquellos asombros
que extravié en el camino
para el niño que crece
en tu arcádico vientre...
¿O será él quien ya indaga
en mi voz por su origen?
Final apócrifo de Emma Bovary
¿Qué tal si usted y yo nos encontramos
en el camino de Yonville l’Abaye,
antes de que Rodolphe le niegue ayuda
y de que usted resuelva envenenarse?
Tal vez usted y yo nos miramos
y nos enamoramos
y por un sortilegio de la literatura
nos hallamos de pronto a orillas del Caribe.
Usted desata entonces sus sandalias
y echa a correr a lo largo de la playa...
La poesía
Llega como una muchacha
recién salida de la infancia:
que apenas descubre
el ancho de sus piernas
y aún no abandona los juguetes.
Entonces uno, aún más inocente,
se enamora de sus largas trenzas,
de sus teticas de ciruela fresca,
de su culito de abeja reina.
Luego viene la desesperación:
pues ella sin ser puta
pertenece a todos
y es insoportable encontrarla una tarde
después de la lluvia
revolcándose en el barro,
junto a un perro común,
con sus pantaloncitos azules
y una risa de mayo en la garganta.
Día de fiesta
Como el recuerdo de una mujer desnuda,
como un definitivo descanso de muerte,
la música
ha invadido mi corazón
y el sol ha sido mi huésped.
Ya era hora
que creciera una rosa
en mi jardín vacío.
Y no importa si llegan días nefastos,
si pájaros de mal aguero
persisten en mi techo.