Tertulia en casa de Gustavo Ibarra Merlano:
Restañando las heridas
Álvaro Suescún
(Inédito, escrito en Julio 17 de 1983)
Jorge Artel, está recién llegado a Colombia. Ha venido desde Panamá en donde estuvo nuevamente residenciado, pero quiere ponerle fin a su largo periplo estableciéndose en Barranquilla, por el momento está viviendo en "La Perla", al frente de la escuela de Bellas Artes, pero no será por mucho tiempo. Ahora está en Bogotá, ha sido invitado por el presidente Belisario Betancur para un recital en la Casa de Nariño, él se lo dijo: "...la ciudad, y con ella todos los colombianos, se alegra que haya retornado a su Cartagena natal, a su Barranquilla tropical; y ciertamente no rendido sino con la energía y la vivacidad de la poesía suya cuyos ecos llenarán esta casa que fue de Nariño y que esta noche y todo el tiempo que yo resida en ella es casa de las artes y de las letras, casa de poesía, por tanto su casa", ello ocurrió hace un par de noches, ahora, sentado en un mullido sillón, recita "Versos para zarpar un día", está eufórico, su voz, ronca pero audible, resuena en la amplia sala en casa de Gustavo Ibarra Merlano, su amigo de casi toda la vida. A su derecha Manuel Zapata Olivella con Rosita, su esposa, un tanto más allá Armando Barrameda Morán, de pies el anfitrión, Gustavo Ibarra Merlano, todos ellos estuvieron acompañándole en el recital del palacio presidencial, Artel se puso de ruana a la concurrencia: "Esos cachacos estirados no querían verme allí, pero 'el negro' metido entre ellos, agasajado por el Presidente, ¿qué tal?", le había dicho a Ibarra antes de que comenzara el poeta de las negritudes a leer sus escritos y a contar sus anécdotas. La de ahora es una pesada mañana con un cielo cargado en nubes delante de una desguarnecida luminosidad que no alcanza a ser sol todavía, a la distancia no hay más testigos de esta conversación entre amigos que, en ocasiones, salta atropellada. Esto dicen:
IBARRA: Hemos resultado hablando sobre unos poetas abstruncos de los cuales quedan en nuestra alma muñones de poesía, fragmentos de versos, que tienen para nosotros un grande significado y tratamos de rescatarlos haciendo memoria de ellos. ¿Jorge, recuerdas "Absintio",
del poeta Manuel Cervera ?
ARTEL: No lo he olvidado, no podría olvidar esos versos. Los aprendí en el ambiente familiar, donde obtuve el amor por la belleza tenga ella el ropaje que tuviere. Los versos son del poeta Cervera, oriundo de Barranquilla. Decían así:
"¡Señor, ella fue buena! / acaso nunca hubiste / un alma entre las almas / como la suya triste... / Ni un seno tan doliente / ni una boca tan llena de amor / hacía la aureola que tu figura viste / de neurosis sublime. /
Señor, ella fue buena / y tú la abandonaste / con un cerco en los ojos / y un rencor en las finas / manos contra sí misma / Sí amo a cuanto tu amaste / señor de los humildes, / señor de las divinas / frases consoladoras, / ¿por qué la abandonaste? / Yo no! Y he de seguirla / sellado el labio extinto, / resuelto el paso y firme, / la mandolina al cinto, / haciendo mía su pena, / haciendo mío su absintio, / restañando la herida / de su existencia trunca, / y a mí nunca me quiso, / a mí no me amó nunca!"
IBARRA : Cervera era un hombre muy peculiar, "coleccionaba manos de mujeres muertas, castañuelas, y cartas de amor", según le dijo Zacarías López Penha a Ramón González en el prólogo de alguno de sus libros. Por los rasgos biográficos vinimos a saber que era un hombre de aspecto muy sencillo.
ARTEL: Me lo presentaron en el mercado público de Barranquilla, bajaba yo de Bogotá de vacaciones por primera vez. Venía de hacer el año de iniciación en Derecho y traía la cabeza llena de ilusiones. Y Lorenzo Ortega, un escritor cartagenero, pero radicado en Barranquilla, me dijo que lo encontraríamos en el mercado público donde Manuel Cervera tenía una pequeña oficina en la que practicaba agiotismo. Decidí conocerlo porque lo admiraba, era muy sencillo, me cayó muy bien. El poeta Cervera me contó que vivió en Cartagena donde publicó "Varios a varios", un libro a tres manos con Abraham Zacarías López Penha y Luis Carlos "el tuerto" López. Después lo encontré en la redacción del El Heraldo, nos reunimos con Juan B. Fernández Ortega y por ellos supe que ambos habían sido cónsules en Europa y que se estimaban mucho. La conversación giró entre recuerdos de París, Roma, Amberes. Cervera vestía de blanco, era un hombre radiante, optimista, espléndido de carnes, apenas cabía en el andén su andar despacio, y abstraído, de fácil conversación, lleno de vitalidad, complacido con la vida. Hablaba con mucha modestia de sí mismo y tenía frecuentes salidas de buen humor. Por primera vez vi a un hombre comerse cuatro mangos simultáneamente, se resbalaba el jugo por sus manos y su boca.
BARRAMEDA: Era un hombre de aspecto tosco, siempre tenía cargados los bolsillos de golosinas, huevos de iguana, alfandoques, queso, etc., y andaba por la calle pausadamente con su corpachón de buey cansado masticando las golosinas que sacaba del bolsillo sin preocuparse de lo que la gente pudiera pensar de él, ni de los transeúntes que se cruzaban en su camino y lo miraban con estupor. Nunca vi a Cervera en otra forma, siempre estaba comiendo, era un glotón. Cuando yo era niño, un día estuvo de visita en casa de mi padre , llamó a la puerta, yo se la abrí, entró y le pedí que se sentara. Me quedé sorprendido cuando vi que sacó del bolsillo algo que a mi me pareció una camándula y empezó a devorarla a dentelladas, me sobresalté y corrí hacia mi padre que ya venía a recibir la visita y le dije: "Padre, ahí hay un señor que se está comiendo una camándula", mi padre soltó la risa, ya estaba cerca de Cervera, le guiñó el ojo y me dijo a mi: "No seas pendejo, muchacho, ¿no ves que esa es una sarta de butifarras soledeñas?"
Era un poeta de gran valía, hizo trilogía con Miguel Rash Isla y Leopoldo de la Rosa. Sus amigos le querían mucho, suyo es este soneto que no recuerdo cómo se llama :
"Con la flauta en los labios te sorprende la aurora,
al pie de la ventana donde vive Raquel,
habita un quinto piso de la plaza Castora,
come pan con aceite y escribe hasta las tres
yo me lo sé de sobra
ha de llegar un día en que siembre un plomo
sobre sus sienes,
él vive con sus tristezas,
con sus tristezas llora y anda por esas calles,
grave como un inglés,
llegará media docena de amigos, los más viejos
lo dejarán en andas, lo sacarán muy lejos
y el último al volverse un adiós le dirá,
y a la cuitada virgen que forjó sus delicias
en una tarde alegre le darán la noticia
y seguirá bordando sobre su tafetán".
IBARRA: Leopoldo de la Rosa se fue para Grecia y parece que se hubiera llevado de aquí también su poesía. Nunca regresó. Durante más de veinte años, excepto algunos intervalos, vivió con Porfirio Barba Jacob en Centroamérica.
BARRAMEDA: Yo lo vi por última vez en México, allá murió. Publicó un solo libro editado por Germán Vargas en Barranquilla con la secretaría de Educación Departamental por allá en el 1945. Leopoldo era supremamente fregón, y mandaba a pedir modificaciones por cartas, que quitaran un determinado poema o que incluyeran otro, hasta que Germán dijo en un momento : "lo publicamos como está ya, y no esperaremos más cartas porque no acabaremos nunca".
ARTEL: Yo conocí a Leopoldo en México, accidentalmente, había ido al consulado de Colombia a una diligencia relacionada con mi pasaporte y estando allí un secretario que atendía el teléfono le dijo al cónsul de Colombia que tenía al habla al poeta Leopoldo de la Rosa, el cónsul hizo una manifestación de desagrado y dijo: "Ese hombre molesta mucho, dígale que yo no estoy". Un instante después le pedí a Juan Roca Lemus, que era el consejero cultural de la embajada, que me diera la dirección de Leopoldo de la Rosa, pues yo deseaba conocerlo, y con Carlos Ariel Gutiérrez, que estaba también allí, fui a verlo. Encontré a un viejito, enfermo, casi un cadáver, consumado en una flacura que daba angustia, se reponía a duras penas de un accidente de automóvil, le dije con sinceridad: "Maestro, yo lo estimo mucho, usted es, caramba, un gran poeta", y me respondió: "Si, pero a mí no me quieren, mira, aquí estoy olvidado. ¿Y usted como supo que estoy aquí?" Al comentarle el pasaje del consulado me respondió; "Esa gente es muy mala, ya no quieren servir, yo no puedo trabajar, yo vivo de mis traducciones del griego y hago papelitos para los amigos para que me auxilien, pero vea usted, el otro día me encontré con el embajador de Colombia y me dijo: "De lo que estoy economizando para mi vejez le voy a dar diez pesos, como indicándome por qué no hacía lo mismo"
Yo seguí visitándolo y de alguna manera lo atendía, recordé que una vez en Cartagena en asocio con Jorge Gómez-Cáceres, un periodista que no se qué se hizo, tuvo una empresa y al parecer tuvieron pérdidas en uno de sus negocios, en respuesta la señora de Gómez-Cáceres lo abofeteó en plena vía pública y entonces los amigos corrieron a atenderlo y Leopoldo dijo: "No se preocupen que mano blanca de mujer no hiere".
ZAPATA OLIVELLA: Leopoldo murió por allá en 1964. Antes hubo una gran campaña para repatriarlo en la que se ocuparon entre otros Héctor Rojas Herazo y Víctor Amaya González. Rojas Herazo escribió una gran página que se llama "La vida muriente de Leopoldo de la Rosa".
BARRAMEDA: Leopoldo no había nacido en Barranquilla, como se afirma comúnmente, sino en Panamá, cuando pertenecía a Colombia. Se conocieron Leopoldo y Porfirio en casa de Lino Torregrosa, un poeta cienaguero que vivió en Barranquilla, fue él quien coronó, años después, a Julio Flores en Usiacurí. En Barranquilla se formó una bohemia resplandeciente, al decir de Porfirio, la regía Leopoldo de la Rosa que venía de Grecia y traducía del francés a André Chenier y se traducía a sí mismo. Porfirio decía que Lino Torregrosa valía en esas tertulias por dos, tal era su fervor.
BARRA: Germán Pardo García, ese gran poeta ibaguereño, conturbado poeta de la angustia como lo llamó Carranza, vivió más de la mitad de su vida en México, tuvo también oportunidad de conocerlos. A propósito de Germán, hizo una poesía que no está bien interpretada en Colombia; "Apolo Thermidor", su gran su obra escrita en la última edad, no se conoce casi en Colombia, se conoce lo que publicó antes de irse, cosas buenas, notables, que están recogidas en sus libros "Voluntad" y "Los júbilos ilesos", "Lucero sin orillas", "Hay piedras como lágrimas"; era considerado uno de los poetas representativos de Colombia hace 50 años, pero- inexplicablemente y por completo desapareció de la memoria colectiva. Igual sucedió con Leopoldo de la Rosa.
BARRAMEDA: Leopoldo era familiar de Reginaldo de la Rosa, el esposo de Amira de la Rosa. Estuvo más de veinte años en México, lo mismo que Porfirio Barba, Porfirio le pagaba la pensión a Leopoldo, él era incapaz de trabajar en nada que no fuera un escritorio.
IBARRA: Continuando con Germán Pardo García, debo decir que su poesía es de una ética constructiva, él dice que tiene la obligación de creer en el destino de la humanidad, de ahí que sus temas favoritos sean las guerras, las conspiraciones, la peste, la épica del astronauta, hace como tres meses leí una carta que le mandó a Germán Posada Mejía, dramática, diciendo que tenía cuatro años de estar en una agonía permanente y que el peor error que había podido cometer era haberle salvado la vida cuando intentó suicidarse, que él realmente deseaba morirse, estaba en un estado de ruina interior desconsoladora y Germán Posada va allá y no sabe qué hacer. "¿Por qué no escribes unos poemas?", "Yo no conozco al maestro, mira, mándale alguna cosa", y entonces él le escribió un poema y Germán le contestó muy agradecido.
ARTEL: Él tiene un gran amigo en Medellín, Jorge Franco Velez, médico, escribió poesía...
IBARRA: Su problema no fue monetario, lo suyo fue destrucción interior. Germán ganó mucho dinero en su profesión que era la de médico.
ZAPATA OLIVELLA: Aprovecho, Jorge , para decirte que mañana estamos invitados a la casa de Germán Posada Mejía, el amigo que acaba de mencionar Gustavo, porque te quiere conocer. Acordamos ir a las tres allá, es un hombre muy valioso.
IBARRA: Es muy generoso, autor de una obra muy importante: "Barba Jacob, poeta de la muerte", publicada por el Instituto Caro y Cuervo en 1970, la va a editar nuevamente el Congreso de la República este 23 de Julio cuando se conmemora el centenario del nacimiento de Porfirio.
ZAPATA OLIVELLA: Carlos Ariel Gutiérrez, el amigo que te acompañó en México a ver a Leopoldo De la Rosa, ya murió ¿no?
IBARRA: No, está vivo, en cambio murió Víctor Aguirre
BARRAMEDA: La última vez que lo vi, en México, tenía un Antrax.
ZAPATA OLIVELLA: No creí que Jorge Guillén viviera todavía, el poeta español, Guillén, "el bueno", como decía Neruda.
IBARRA: Tiene 90 años, ¡gran poeta!
ZAPATA OLIVELLA: Jorge, este libro que me editó José Consuegra te lo regalo, porque estás con deseos de verlo y no tienes un ejemplar, mientras te envío el tuyo.
IBARRA: Ese libro de Manuel Zapata es como esas mujeres que tienen un aspecto dudoso y resultan siendo de una gran castidad. Es de una finura por dentro, de una gran elegancia ...
ARTEL: Gracias, Manuel. Ha estado bastante promocionado, lo he llegado a ver reseñado en algunos programas de televisión, así como en los suplementos literarios.
ZAPATA OLIVELLA: Quería preguntarte por Jorge Gómez-Cáseres, ese amigo nuestro que vivía en Sincelejo.
ARTEL: No he vuelto a saber de él. Jorge era periodista, fue secretario de la gobernación de Cundinamarca, el suyo es un apellido compuesto, conocí a un Daniel Gomez-Cáseres, compañero de Alberto Lemaitre, "Mr. Toyo", en un programa de radio muy original que se difundía en "Ondas de la heroica" de Ignacio Villareal, por allá en 1935, se llamaba "El programa de Tico y Sico", Daniel terminó yéndose a los Estados Unidos, pues estando en Cartagena muy aburrido escribió a la escuela de donde él era egresado, pidiendo el puesto que quisieran darle y lo nombraron profesor. Allá está.
BARRAMEDA: ¿A qué se debe que los poetas al llegar al ocaso de la vida se vuelven más tristes que las gentes comunes?.
ZAPATA OLIVELLA: No es por el ocaso de la vida sino por su matrimonio con la soledad, pero bueno, con sus debidas excepciones porque Artel cada vez es más alegre.
ARTEL: Dice Donaldo Bossa Herazo que yo soy un hombre con un cascabel al cuello.
ZAPATA OLIVELLA: Se equivocó diciendo que tenías el cascabel en el cuello, cuando tu lengua es un cascabel.
BARRAMEDA: Como los preceptos, ¿se acuerdan?, decían que el soneto tenía que ser de amplia cabeza y resonante cola. Según eso, el cascabel de Artel es larguísimo.
La conversación se hace cada vez menos inteligible, pero Ibarra Merlano nos aseguró que, después de agotar reminiscencias de Cartagena y Barranquilla, y un par de botellas de aguardiente, pasaron a la mesa donde los recibió Josefina, su esposa, con sus finas maneras para un opíparo almuerzo. Después se verían un par de ocasiones adicionales, en una de ellas hicieron grabaciones en video que veremos más tarde, así me lo promete, tan solo pone un pero, es "en caso de que las encuentre".
Santafé de Bogotá, Enero de 1999
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© Álvaro Suescún
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen I - Número 2
Julio-Agosto-Septiembre de 2000
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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