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PODER Y NOSTALGIA
EN "LA CASA ENTRE LOS ROBLES"
                                                                                                 
Gabriel Alberto Ferrer
Universidad del Atlántico



                    Héctor Rojas Herazo es uno de los poetas  más importantes de la poesía del Caribe colombiano; inició su trabajo literario al lado de Alvaro Cepeda Samudio, Alejandro Obregón y Gabriel García Márquez, a finales de la década de los años cuarentas. Sin embargo, sus cinco libros de poemas: Rostro en la soledad (1951), Tránsito de Caín (1952),  Desde la luz preguntan por nosotros (1956), Agresión de las formas contra el ángel (1961) y Las úlceras de Adán(1995), no han significado comentarios y estudios por parte de la crítica especializada , a pesar de ser en la actualidad una de las poéticas mas coherentes y trascendentes del país.

                    En una oportunidad Gabriel García Márquez, cuando aún no era reconocido ni había ganado el premio Nobel, hizo un comentario del  libro de poemas Rostro en la soledad; desde esa época para acá, han aparecido en forma esporádica algunos artículos como los de Fernando Charry Lara, Jorge Eliécer Ruiz, José Raúl Arango, Dario Jaramillo, Juan Manuel Roca y Jorge García Usta. Llama la atención las pocas páginas que le han dedicado a la poesía de Rojas Herazo, como si no le debiéramos el presente de un cambio de actitud en cuanto a la visión de mundo, la revisión de las ideologías, de las estructuras del verso, y la presencia de voces que encarnan un profundo dialogismo. Además de estas renovaciones, el autor nos aporta una alta elaboración de lenguaje que permite la entrada de la modernidad basada en lo lugareño, en el entorno sociocultural y en una herencia ignorada por nuestros poetas de patio, legada por Luis Carlos López.

                    Es este olvido lo que me ha llevado a poner en consideración uno de sus mejores poemas: "La casa entre los robles", de su primer libro Rostro en la soledad, para proponer una interpretación sociocrítica que revele aspectos de la poética total de Héctor Rojas Herazo; una poética con doble valor ya que sintetiza lo estético y lo ideológico.

                    Este poema posee una estructura basada en el manejo de imágenes fuertes organizadas en los versos, o formas simbólicas que se presentan en los enunciados poéticos, pero que también se construyen en la lectura, en la interpretación, mediante la coincidencia de varios enunciados. Estas imágenes edifican las ideologías del poema que apuntan hacia la intromisión de un modo de producción feudal y la puesta en escena de una visión del mundo basada en la identidad con la tierra, lo mismo que una percepción edénica de ésta.

                    La ideología feudal  se manifiesta en el poder de la casa, símbolo de fuerza, de autoridad y de orden. Estas ideas se perciben en las formaciones discursivas del poema, cuyo entramado léxico revela su inclusión en la formación social e ideológica feudal. Aparecen, por ejemplo palabras como: "bestias", "frutos", "cosecha", que implican producción agrícola y ganadera ; pero al lado de estos elementos, también encontramos un léxico ligado a una concepción judeo-cristiana, asumida en el marco del génesis: hermano, hermana, miel, don de reposo, nuestro pan, espigas, ángeles, Dios, campanas. En el poema se logra una identidad entre las imágenes padre, casa, tierra, mediante la isotopía del poder. Obsérvese el enunciado: "todos allí presentes, hermano con hermana, mi padre y la cosecha...", en el cual se logra una simetría entre los elementos "hermano y hermana", relación entre sujetos; y entre "padre y cosecha", relación sujeto-objeto. Hay que destacar cómo en el poema se exalta la relación intersubjetiva entre los hermanos y la de identidad entre padre con la tierra, en una representación del poder.

                    Llama la atención en el poema cómo los enunciados pueden ser leídos doblemente, por cuanto su base significativa puede ubicarse tanto en el plano histórico de la producción feudal como en el plano mítico de la visión edénica. En tal sentido, la casa y la tierra simbolizan el poderío económico y social, pero también la ensoñación, la armonía, el paraíso perdido ante el cual se siente la nostalgia. Esta doble significación se hace evidente mediante la contrastación del punto de vista, la focalización y la enunciación y la intra e intertextualidad.

                    En efecto, el poema muestra  dos enunciadores: un "nosotros" (sujeto colectivo) que apunta al valor de la solidaridad, la fraternidad, la armonía, y uno individual, que apunta al poder. Cuando se dice: "la casa era más nuestra", "nuestros pasos", "nuestra mesa", "nuestro pan", "nuestras manos", "nuestro asombro", se establecen enunciaciones que revelan puntos de vista de la voz implicada, en un tiempo pasado edénico; pero, cuando dice: "mi padre y la cosecha", se cambia la enunciación colectiva y se asume la primera persona a través de "mi", lo cual revela el punto de vista del padre o de su poder y la desaparición de la solidaridad, de la relación equitativa en favor de una relación jerárquica. Vemos cómo los elementos  "casa, "mesa", "pan" se focalizan en el marco de escenas edénicas; pero si las relacionamos dentro del texto y con el texto de la sociedad, es necesario leerlas en otro sentido, en el sentido histórico ligado a un modo de producción; igual sucede con las palabras "bestia", "frutos", asumidos por el enunciador y focalizados en el marco mítico; pero en la intertextualidad, develan el modo de producción feudal. Son antagónicos entonces lo histórico-socio-económico y lo ahistórico-mítico.

                    Este antagonismo se patentiza en la visión de la casa, la cual encierra un halo mítico en su lenta transformación mediante la personificación, que se inicia en el momento en que la morada sale a buscar aliento, vida : "la casa era más nuestra, buscaba nuestro aliento"; entonces la casa pasa de Espacio a Ser en la transición que el enunciado poético expresa mediante la yuxtaposición: "Por sobre los objetos era [la casa] un tibio rumor, una espina, una mano" . En este momento, la focalización ya no pertenece al enunciador, sino a la casa personificada, la cual emprende la percepción espacial de lo interno a lo externo, de su propia constitución, las alcobas, la sala, hasta el campo donde está el pozo, los cerros y el pueblo "más allá las campanas"; se trata en síntesis, de una poética de lo adentro y lo afuera cuyo movimiento pendular es posible por la focalización pantópica de la casa.

                    El carácter mítico de la casa se refuerza con las imágenes o formas simbólicas que podemos leer ya no horizontal, sino verticalmente, en un devenir significativo; si penetramos en estas imágenes, encontramos que podemos construir paradigmáticamente un grupo cuya marca significativa se sintetiza en ese aspecto mítico tratado: "el reflejo del aire sobre el pozo",  "el aire suavemente respiraba en los lechos", "el viento dulcemente flotaba en los manteles", "la brisa entre los robles"; percibimos de inmediato las coincidencias léxicas y significativas: aliento, aire, viento, brisa, flotar que apuntan hacia ese halo, espíritu mítico que está sobre y recorre la casa, se apodera de ésta y la arroja hacia un viaje desde su interioridad hacia afuera y viceversa. No podemos evitar pensar en la evocación que nos producen estas imágenes: el espíritu, el soplo divino que flotaba sobre las aguas; obsérvese la relación con la imagen del aire sobre el pozo. Esta perspectiva de la casa en el plano mítico se relaciona con la temporalidad pasada que incita al enunciador a la nostalgia y a la evocación; la casa deambula en el recuerdo, pero la añoranza va más allá, hacia la percepción en el pasado de una armonía que se ha perdido en el presente; armonía ambivalente puesto que se mueve en el plano mítico y en el histórico. El primero, que aquí nos atañe, se percibe en los órdenes  del mundo de la casa y de la vida, relacionados con la fecundidad, la fertilidad y la prosperidad. Esa armonía se sustenta en la estructura de los enunciados poéticos: la utilización de versos yuxtapuestos y coordinados implica los vínculos simétricos, dispuestos en una paridad : "Todos allí presentes, hermano con hermana, mi padre y la cosecha, el vaho de las bestias y el rumor de los frutos".

                    Pero la casa devela otra participación significativa que entra en antagonismo con la anterior y que sustenta la dualidad ideológica anotada al inicio de este escrito. La casa como representante del poderío social y económico; la casa, ya no en su aspecto mítico, sino en su historicidad. Este planteamiento se apoya igualmente en el manejo de las formas simbólicas del poema; imágenes como "la casa entre los robles" --en la que "roble" representa fuerza y perennidad--, nos descifran esta visión; de igual manera, el verso "el sacrificio filial de la madera sostenía la techumbre" implica ese poderío indestructible que por metonimia nos traslada al poderío del padre, verbi gratia, de la tierra y, por intertextualidad, de un sistema socioeconómico feudal basado en la tenencia de la tierra y su producción.

                    Si es cierto que el orden, en el plano anterior, revela armonía ligada a la protección y fertilidad (imagen del paraíso), en el plano histórico, este orden refleja el sistema social del feudalismo : "La quietud de los muebles, las voces, los caminos". La organización de la casa se emparenta con la situación de "fuerza, autoridad y límite" que aparece en los versos.

                    Se nota entonces esa ambivalencia significativa en el poema; este último análisis nos afirma cómo se presenta la armonía, la solidaridad, la fraternidad en contacto antagónico con una jerarquía representada por el padre. Estas dos perspectivas se acogen en la casa, luego ésta es igualmente ambivalente, ambigua, tanto más por su carácter mítico e histórico que explicábamos anteriormente.

                    El poema "La casa entre los robles" es una muestra representativa de la propuesta poética de Héctor Rojas Herazo, ya que nos invita a una lectura doble, más allá del verso, colindante con la palabra que desestabilizada interiormente y desequilibra al hombre, mediante el recorrido por espacios y significaciones inacabadas.


BIBLIOGRAFÍA:

1. BAJTIN, Mijail. Hacia una filosofía del acto ético:  De los borradores y otros escritos. Barcelona, Anthropos, 1997.
2. RODRIGUEZ, Amalia. La poética del nombre en el registro de la autobiografía.  Barcelona , Anthropos, 1997.
3. ROJAS HERAZO, Héctor. Señales y garabatos del habitante. Bogotá, Procultura, 1976.
4. GARCÍA USTA, Jorge (compilador). Visitas al patio de Celia: Crítica a la obra de Héctor Rojas Herazo. Cartagena, Alcaldía Mayor, 1994.
__________________________________

©  Gabriel Alberto Ferrer

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen I - Número 2
Julio-Agosto-Septiembre de 2000

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

El URL de este documento es:
http://lacasadeasterion.homestead.com/v1n2robles.html
PODER Y NOSTALGIA
EN "LA CASA ENTRE LOS ROBLES"
                                                                                                 
Gabriel Alberto Ferrer
Universidad del Atlántico



                    Héctor Rojas Herazo es uno de los poetas  más importantes de la poesía del Caribe colombiano; inició su trabajo literario al lado de Alvaro Cepeda Samudio, Alejandro Obregón y Gabriel García Márquez, a finales de la década de los años cuarentas. Sin embargo, sus cinco libros de poemas: Rostro en la soledad (1951), Tránsito de Caín (1952),  Desde la luz preguntan por nosotros (1956), Agresión de las formas contra el ángel (1961) y Las úlceras de Adán(1995), no han significado comentarios y estudios por parte de la crítica especializada , a pesar de ser en la actualidad una de las poéticas mas coherentes y trascendentes del país.

                    En una oportunidad Gabriel García Márquez, cuando aún no era reconocido ni había ganado el premio Nobel, hizo un comentario del  libro de poemas Rostro en la soledad; desde esa época para acá, han aparecido en forma esporádica algunos artículos como los de Fernando Charry Lara, Jorge Eliécer Ruiz, José Raúl Arango, Dario Jaramillo, Juan Manuel Roca y Jorge García Usta. Llama la atención las pocas páginas que le han dedicado a la poesía de Rojas Herazo, como si no le debiéramos el presente de un cambio de actitud en cuanto a la visión de mundo, la revisión de las ideologías, de las estructuras del verso, y la presencia de voces que encarnan un profundo dialogismo. Además de estas renovaciones, el autor nos aporta una alta elaboración de lenguaje que permite la entrada de la modernidad basada en lo lugareño, en el entorno sociocultural y en una herencia ignorada por nuestros poetas de patio, legada por Luis Carlos López.

                    Es este olvido lo que me ha llevado a poner en consideración uno de sus mejores poemas: "La casa entre los robles", de su primer libro Rostro en la soledad, para proponer una interpretación sociocrítica que revele aspectos de la poética total de Héctor Rojas Herazo; una poética con doble valor ya que sintetiza lo estético y lo ideológico.

                    Este poema posee una estructura basada en el manejo de imágenes fuertes organizadas en los versos, o formas simbólicas que se presentan en los enunciados poéticos, pero que también se construyen en la lectura, en la interpretación, mediante la coincidencia de varios enunciados. Estas imágenes edifican las ideologías del poema que apuntan hacia la intromisión de un modo de producción feudal y la puesta en escena de una visión del mundo basada en la identidad con la tierra, lo mismo que una percepción edénica de ésta.

                    La ideología feudal  se manifiesta en el poder de la casa, símbolo de fuerza, de autoridad y de orden. Estas ideas se perciben en las formaciones discursivas del poema, cuyo entramado léxico revela su inclusión en la formación social e ideológica feudal. Aparecen, por ejemplo palabras como: "bestias", "frutos", "cosecha", que implican producción agrícola y ganadera ; pero al lado de estos elementos, también encontramos un léxico ligado a una concepción judeo-cristiana, asumida en el marco del génesis: hermano, hermana, miel, don de reposo, nuestro pan, espigas, ángeles, Dios, campanas. En el poema se logra una identidad entre las imágenes padre, casa, tierra, mediante la isotopía del poder. Obsérvese el enunciado: "todos allí presentes, hermano con hermana, mi padre y la cosecha...", en el cual se logra una simetría entre los elementos "hermano y hermana", relación entre sujetos; y entre "padre y cosecha", relación sujeto-objeto. Hay que destacar cómo en el poema se exalta la relación intersubjetiva entre los hermanos y la de identidad entre padre con la tierra, en una representación del poder.

                    Llama la atención en el poema cómo los enunciados pueden ser leídos doblemente, por cuanto su base significativa puede ubicarse tanto en el plano histórico de la producción feudal como en el plano mítico de la visión edénica. En tal sentido, la casa y la tierra simbolizan el poderío económico y social, pero también la ensoñación, la armonía, el paraíso perdido ante el cual se siente la nostalgia. Esta doble significación se hace evidente mediante la contrastación del punto de vista, la focalización y la enunciación y la intra e intertextualidad.

                    En efecto, el poema muestra  dos enunciadores: un "nosotros" (sujeto colectivo) que apunta al valor de la solidaridad, la fraternidad, la armonía, y uno individual, que apunta al poder. Cuando se dice: "la casa era más nuestra", "nuestros pasos", "nuestra mesa", "nuestro pan", "nuestras manos", "nuestro asombro", se establecen enunciaciones que revelan puntos de vista de la voz implicada, en un tiempo pasado edénico; pero, cuando dice: "mi padre y la cosecha", se cambia la enunciación colectiva y se asume la primera persona a través de "mi", lo cual revela el punto de vista del padre o de su poder y la desaparición de la solidaridad, de la relación equitativa en favor de una relación jerárquica. Vemos cómo los elementos  "casa, "mesa", "pan" se focalizan en el marco de escenas edénicas; pero si las relacionamos dentro del texto y con el texto de la sociedad, es necesario leerlas en otro sentido, en el sentido histórico ligado a un modo de producción; igual sucede con las palabras "bestia", "frutos", asumidos por el enunciador y focalizados en el marco mítico; pero en la intertextualidad, develan el modo de producción feudal. Son antagónicos entonces lo histórico-socio-económico y lo ahistórico-mítico.

                    Este antagonismo se patentiza en la visión de la casa, la cual encierra un halo mítico en su lenta transformación mediante la personificación, que se inicia en el momento en que la morada sale a buscar aliento, vida : "la casa era más nuestra, buscaba nuestro aliento"; entonces la casa pasa de Espacio a Ser en la transición que el enunciado poético expresa mediante la yuxtaposición: "Por sobre los objetos era [la casa] un tibio rumor, una espina, una mano" . En este momento, la focalización ya no pertenece al enunciador, sino a la casa personificada, la cual emprende la percepción espacial de lo interno a lo externo, de su propia constitución, las alcobas, la sala, hasta el campo donde está el pozo, los cerros y el pueblo "más allá las campanas"; se trata en síntesis, de una poética de lo adentro y lo afuera cuyo movimiento pendular es posible por la focalización pantópica de la casa.

                    El carácter mítico de la casa se refuerza con las imágenes o formas simbólicas que podemos leer ya no horizontal, sino verticalmente, en un devenir significativo; si penetramos en estas imágenes, encontramos que podemos construir paradigmáticamente un grupo cuya marca significativa se sintetiza en ese aspecto mítico tratado: "el reflejo del aire sobre el pozo",  "el aire suavemente respiraba en los lechos", "el viento dulcemente flotaba en los manteles", "la brisa entre los robles"; percibimos de inmediato las coincidencias léxicas y significativas: aliento, aire, viento, brisa, flotar que apuntan hacia ese halo, espíritu mítico que está sobre y recorre la casa, se apodera de ésta y la arroja hacia un viaje desde su interioridad hacia afuera y viceversa. No podemos evitar pensar en la evocación que nos producen estas imágenes: el espíritu, el soplo divino que flotaba sobre las aguas; obsérvese la relación con la imagen del aire sobre el pozo. Esta perspectiva de la casa en el plano mítico se relaciona con la temporalidad pasada que incita al enunciador a la nostalgia y a la evocación; la casa deambula en el recuerdo, pero la añoranza va más allá, hacia la percepción en el pasado de una armonía que se ha perdido en el presente; armonía ambivalente puesto que se mueve en el plano mítico y en el histórico. El primero, que aquí nos atañe, se percibe en los órdenes  del mundo de la casa y de la vida, relacionados con la fecundidad, la fertilidad y la prosperidad. Esa armonía se sustenta en la estructura de los enunciados poéticos: la utilización de versos yuxtapuestos y coordinados implica los vínculos simétricos, dispuestos en una paridad : "Todos allí presentes, hermano con hermana, mi padre y la cosecha, el vaho de las bestias y el rumor de los frutos".

                    Pero la casa devela otra participación significativa que entra en antagonismo con la anterior y que sustenta la dualidad ideológica anotada al inicio de este escrito. La casa como representante del poderío social y económico; la casa, ya no en su aspecto mítico, sino en su historicidad. Este planteamiento se apoya igualmente en el manejo de las formas simbólicas del poema; imágenes como "la casa entre los robles" --en la que "roble" representa fuerza y perennidad--, nos descifran esta visión; de igual manera, el verso "el sacrificio filial de la madera sostenía la techumbre" implica ese poderío indestructible que por metonimia nos traslada al poderío del padre, verbi gratia, de la tierra y, por intertextualidad, de un sistema socioeconómico feudal basado en la tenencia de la tierra y su producción.

                    Si es cierto que el orden, en el plano anterior, revela armonía ligada a la protección y fertilidad (imagen del paraíso), en el plano histórico, este orden refleja el sistema social del feudalismo : "La quietud de los muebles, las voces, los caminos". La organización de la casa se emparenta con la situación de "fuerza, autoridad y límite" que aparece en los versos.

                    Se nota entonces esa ambivalencia significativa en el poema; este último análisis nos afirma cómo se presenta la armonía, la solidaridad, la fraternidad en contacto antagónico con una jerarquía representada por el padre. Estas dos perspectivas se acogen en la casa, luego ésta es igualmente ambivalente, ambigua, tanto más por su carácter mítico e histórico que explicábamos anteriormente.

                    El poema "La casa entre los robles" es una muestra representativa de la propuesta poética de Héctor Rojas Herazo, ya que nos invita a una lectura doble, más allá del verso, colindante con la palabra que desestabilizada interiormente y desequilibra al hombre, mediante el recorrido por espacios y significaciones inacabadas.


BIBLIOGRAFÍA:

1. BAJTIN, Mijail. Hacia una filosofía del acto ético:  De los borradores y otros escritos. Barcelona, Anthropos, 1997.
2. RODRIGUEZ, Amalia. La poética del nombre en el registro de la autobiografía.  Barcelona , Anthropos, 1997.
3. ROJAS HERAZO, Héctor. Señales y garabatos del habitante. Bogotá, Procultura, 1976.
4. GARCÍA USTA, Jorge (compilador). Visitas al patio de Celia: Crítica a la obra de Héctor Rojas Herazo. Cartagena, Alcaldía Mayor, 1994.
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©  Gabriel Alberto Ferrer

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen I - Número 2
Julio-Agosto-Septiembre de 2000

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
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