Humano amor
Humana circunstancia
Alfonso Rodríguez Manzano
La salada necesidad de ti
I
La tarde El amor La salada necesidad de ti
El mar de frente y el crepúsculo a lo lejos
Alguien tira atarrayas y extrae ausencias
El día no es muy alegre
Regular nos fue ayer, apenas, en Arrecifes:
Manchas largas de espacio sin que el sosiego
ni los peces llegaran.
II
Tanto me haces falta, Paula M.,
Tantos juegos dejamos sin jugar
Una barca parte con su preciso objetivo
Me quedaré aquí, quizás, esta tarde.
Haces parte como de mis manos
Corto es nuestro pasado, tal vez, pero
todo en detalles me conforma el pensamiento
Como si me configurara pensándote
Como si me definiera sintiéndote
Te hablo ahora de barcas, de raíces multicolores
Horas de amor en una alta casa
Mar desde la altura decías-
Amorosa intensidad del mar
Oleaje quizás feliz o traducido tal vez de ausencias.
La salada necesidad de ti:
Avanzar de la mano y besarte alegre por las calles
Perderme perderme en ti
Hecho de mar alegre de metal bebible y de raíces.
III
Tantas cosas aún no te he mostrado:
El espumoso tejido que repara embarcaciones
La sabia procesión de chinchorros
Crepúsculos alegres alborozadas raíces
Calamares alegres y amorosos y felices.
Hablaste aquella vez Recuerdo
De un mar en tu país que produce cuerpos o
sustancias que dudábamos en llamar nácar o almíbar
Discutimos
Tasamos el combate con besos de sal abierta
Terminaste, recuerdo, como sorda, alegre, perdida en mí.
Hablaste después de una apuesta sobre
el número de corales en que se sostienen los mares del mundo
¿Cuándo resolvemos este problema corporal-
amorístico-cuántico?
IV
Extensas atarrayas tiramos ayer en Los Cocos
Pargos pensativos a veces caían
Erizos religiosos Caracolas con sus casas
Yo, alegre y decidido, devenires gozosos derivaba de ti.
Rojo milagro del crepúsculo Alta devoción de ciertos peces
Amor vegetal Pelícanos que viajan siempre de dos en dos
lapsos aquellos en que el mar no es mar sino
sosiego o feliz materialización del amor o, quizás, lejanía.
V
Algo del mundo no entiendo, Paula M.:
No hemos visto, todavía un crepúsculo juntos.
La tarde El amor La salada necesidad de ti.
Humano amor
I
Avanza ahora una noche como de metal. Paula O., y te
pienso. Alguien deambula ido, como sin cuerpo, por las
calles. Hay ahora un tiempo como roto, presente, limpio.
Busco o existo o espero. Habrá algún crepúsculo bebible,
Algún girasol feliz, alguna paz localizable en el cuerpo. O
Dios o altura o simple existir o mujer. Me defino pensán-
dote.
II
Cosa vana parece ser, a veces, el Humano. No hay, por
ejemplo ahora, ni nostalgia ni trascendencia ni fe. Tan solo
la necesidad biológica de existir, de estar ahí, de avanzar:
Estar hecho como de presente, de animales altos e ines-
tables, girasol abierto o de raíces.
La desazón de los lunes La paz de los domingos Vidrio
abierto en la esperanza No cuenta la historia Solo el
intersticio el azar la contingencia Ni los dados ni el designio
Lo humano Más que determinar mi propia materia Más
que los abiertos ojos de los signos Más que el líquido
espeso del tiempo Definirme es tenerte.
Para identificar me digo- la limpia espesura de esta sombra.
III
Cosa consistente es, a menudo, el Humano. Una
estación, de pronto, se le viene encima, una especie de
numerosa paz. Helo, por ejemplo, ahora, ahí, lleno de
rojo, geométrico, hecho de cuerpo, de mineral tangible y
de raíces.
Planta enraizada en la tierra y herida y trascendida de
viento. Algún alto aroma, alguna biblioteca alveolar, esta
explicación, asiduamente, generosamente lo alimentan.
Brota es evidente ahora-- la circunstancia feliz del sosiego,
el prodigioso milagro de querer, la benigna embriaguez
del impulso.
Definirme es pensarte, tenerte: Humano amor escribo--
Humana circunstancia.
Humana circunstancia
I
Horas enteras con el trasmallo abierto. Esperamos,
asiduos, que algún viento casual, alguna fuerza
voluntariosa, alguna corriente asidua vierta con
generosidad los peces hacia nosotros.
No hay quizás nada más circunstancial que el Humano:
alguna infancia, algún reciente incendio lo confunde,
todo espejo, los lastres de un horóscopo, esta luz, lo
ahuecan, lo enajenan, lo ausentan.
Frecuentemente alguna flor, la bandera olorosa de un
crepúsculo, el alegre girasol de toda música, inusitada-
mente voluntariosamente amorosamente lo impulsan.
II
Henos ahí, después, tirados, sudorosos, abiertos; sin
herida en la boca, es posible, pero con la voz estrangulada
y limpia. Sólo queda nombrarse en la arena; gritar, sin
aliento, con un dolor localizable en el pecho. Abandona-
mos, gracias a otro, el reino del agua y lo probable por el
de la incógnita y lo ajeno. Saber que morimos es, ahora
esta irrespirable circunstancia que nos hunde en un ahogar
sin voz, incendio sin razón, sin contacto y sin distancia.
¿Hablar quizás de motivos para crear a Dios?: Este terror
de ser mortales, la flor del bien por el bien, el inaplazable,
el necesario, el benigno impulso.
Aquí, por lo tanto, nos quedamos. Es nuestro continen-
te, nuestra condición, nuestro siglo. La pesca no es buena,
cierto, pero de cuerpos descifrables está hecho el mar.
No nos acogemos a la más sutil forma de destino: la
voluntad, el azar, lo probable están en nosotros: Mar tan
solo abierto entre el mar y lo otro.
III
Mar desde la altura: el universo azul, tangible, finito,
entra sabio y hermoso en nuestro cuerpo. Comparto el
alimento con mis compañeros. Sé, instintivamente, que el
día de mañana, abierto a las posibilidades, por sí mismo,
habrá de existir, será otro, independiente de mi memoria
y de mi probable presencia en él.
Mar desde la altura Crece lo siento ahora-- un inapla-
zable, necesario, benigno impulso. Alta dignidad del
Humano parece susurrar la naturaleza-- está hecho como
de azul, de trascendencia, de raíces. Mar tan solo abierto
entre trasmallo y lo otro.
Humano amor decimos-- Humana circunstancia.
Tríptico del adiós,
de la ciudad y de la noche
I
Hablo ahora de un cierto amor
Calamares alegres Caracolas felices
Raíz de dolor que se propaga —digo—
más allá de tu voz
Afán de la tarde Afán feliz de la tarde
Avanzar hacia el Centro:
Regocijados crepúsculos incendian las ciudades
Racimos de luces blancas Noche desprevenida y limpia
—Creerme feliz, a tu lado, hundido entre voz
y circunstancia.
Hablar de un cierto dolor:
Llena vives, las tardes, como de ausencia
Alta academia y diurna Elementos diferentes
Crepúsculos fugaces y distraídos y felices.
Nombrables circunstancias nos separan:
Ganas, como dolorosas, de ser feliz.
No es amor
Verte reír Buscar recorrer ciertas calles
Dejarse llevar por la tarde por el cuerpo y la corriente.
Hundirme en la hojarasca alegre de la noche
No comprender del todo lo que pasa
Caracola amorosa y nocturna Alcatraz pensativo y
ausente
Crepúsculos de colores y ciegos y embriagables y
felices.
II
He regresado al punto de partida
He recorrido, de nuevo, la ciudad nocturna
Gajos brillantes en su sector norte Gajos inestables y
Brillantes
Huele a ausencia.
Alguien aprende con sus padres a montar patines
Tantas cosas no entiendo
Leo en El Quijote : "Caballeros andantes sin amores son
Tan impensables como cielo sin estrellas,
como castillos sin sus castellanos".
Alegre es la ciudad, sin embargo:
Salsas sentimentales Vitrinas alegres
Alimentos desbordados, cariñosos y felices.
Me siento el alma.
Algo me duele aquí, en la carne, en este sector como
tan al Sur del ser.
Una pareja busca la íntima oscuridad del parque
Encontrarse Besarse Coincidir en el impulso y en el
cuerpo
Mi barrio, a esta hora, quizás está alegre
Tanta zozobra, Dios, tanta zozobra.
Ni mal del siglo ni angustia trascendental:
La vaga sensación de haber perdido algo.
El vago, el nocturno, el citadino adiós.
Como querer dormir cansado
Dulcineas del Toboso
La fiesta terminó: En otro lugar empezará la fiesta
Impulsarse y seguir: Mito biológico del Humano
Querer como los pájaros, como hace siglos
Alguien incendia con banderas la enrojecida ciudad
nocturna
Esta es mi historia y mi tiempo.
El Quijote, un poemario, tres canciones:
Luminosa posibilidad de soñar.
Hojarasca alegre y borracha de la noche
Este es mi continente y mi siglo
Aquí me quedo, por lo tanto.
III
Bolevar del Centro
Te recorro, quizás, por última vez
Luces alegres en ti percibo esta noche
Luces blancas y alegres.
Puesto que nunca viviremos juntos traduzco de Cabrel--.
Hay, aún, a esta altura del año, sin embargo,
restos vivos de un diciembre, vestigios
alegres de alguna brisa feliz.
Luces blancas, a lo lejos, se mezclan, perfectas,
con un hotel antiguo.
En otra parte de la ciudad, caminarás, sin duda, sola.
En otra parte alegre de la ciudad.
Te recuerdo dulcemente.
Hay, sucesivamente en las aceras, bahías de universos
rosados cines, pasajes desbordados de música,
árboles
que propician encuentros por instantes.
En esta parte de la ciudad, pienso en ti, sin embargo.
En esta parte alegre de la ciudad.
Callejón del Paseo
Alguien recoge sus gestos, limpia el lugar, decide el
regreso. Un bus, semivacío, lo espera a lo lejos.
El tiempo, sabio y justo, distraído empolla un huevo de
colores.
Alguien barre definitivamente las calles.
Hizo falta decisión, quizás
Tomar, tal vez, la ciega iniciación de los dados.
Hay una brisa alegre, sin embargo, aún, en esta parte
del cuerpo.
Recorrerás a esta hora, quizás, otras calles.
Con esta paz, con esta luz, quizás.
Hay un hueco en los labiuos, es cierto,
pero una paz feliz en la memoria.
Pudo haber sido, quizás, la boca
en la boca el beso en el cuerpo el amor
o noches simplemente alegres, sin mañana y sin raíces.
Como ver, de nuevo, la ciudad en fiesta y en delirio.
Ancho bulevar del centro:
Naufragios quizás alegres de alguna brisa feliz.
En partes distintas de la ciudad, huimos, tal vez, a esta
hora.
Tríptico tan solo del adiós, de la ciudad y de la noche.