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Fragmentos del Caribe

Jaime Cabrera González

          La obra del fotógrafo francés Patric Clanet "Fragmentos del Caribe" es una crónica visual cargada de vivencias, reflejos, atmósferas y recuerdos propios de una realidad paralela. En el oficio de mirar la lente ejerce su total libertad. Todo sucede aquí como una especie de antes en que el habitante de esta región bañada por el Mar Caribe, se convierte en objetivo percusionante. Son referencias cotidianas en que se pueden escuchar sin la necesidad de exagerados formalismos técnicos, el desdén y la nostalgia ancestral de estos pueblos, de sus hombres y mujeres. Y es precisamente en esa deserción del artificio que cabe naturalmente la propuesta del acto mismo de la militancia  artística de este costeño venido de otras orillas: espontaneidad, fantasía y juego. Guiños personales que le permitirán al observador las posibilidades de nuevos espejos. En pocas palabras, son solo apartes de un largo cuento de una cuenca que comparten indígenas y blancos y negros; con un mismo cielo y un mismo mar; costumbres y tradiciones y mitos y ritmos... Todo mezclado. Imágenes para ser colgadas en el clavito de esa memoria colectiva que identifica al Caribe.

          (Los siguientes textos han sido numerados, pero no desmerecen cualquier otro orden dispuesto para su lectura).


          1
          En domingo, la esquina es el cuero templado de un tambor que convoca pracatá pracatá tucupá tucupá con su llamado ancestral al vacilón del quítate tu pa' ponerme yo. En La Preferida se abren las dobles alas verdes de un corazón dispuesto a abastecer a toda la clientela del barrio. "Los saludos señores,  los saludos señores...", dice el Cacha. Un niño aparece preguntando por un litro de leche y cuatro panes de sal y el saldo en el fiao. Un hombre, quién  sabe con cuántas amanecidas encima, con la borrachera viva escoge en el traganíquel el tema de Trío Jesús que describe los infortunios de un desamor que no pudieron borrar las 7 botellas de rompepecho y los 4 paquetes de cigarrillos negros americanos que les ganó a unos vaporinos. Y cuando  comienza a calentar el sol, los muchachos organizan sus líneas para un partido de béisbol con las tapas de las gaseosas y un palito de escoba. Los jugadores de dominó, en cambio, buscan la sombra en donde rodar la mesa y poder menear las fichas que abren el juego y ahorcan tanto bla bla bla. Es entonces cuando aparece Capullito de Alhelí, ahí na má, caderona, canillona, tumbacatre ella, mulatona ella, sandunguera, cosita linda que tiene los labios de guayaba madura y camina al son de un tumbao interior que por los vientos que soplan suena a barababatiri de picó, y se desordenan todos los juegos, las cayenas arrebatamachos, Tono Patacón que permanecía apoyando un pie contra la pared desconchada de tantas esperas. "Para mi tú eres la reina, las demás son las demás". Palabras que se elevan por encima de un arreglo de cuentas entre Caníbales y Cimarrones contra Hidalgos Castellanos. Y así se va pasando el día y la tarde con su olor a pescado frito en manteca de cerdo caliente y va llegando la noche con los que se fueron para la playa. Una brisita encontrada de río y mar refresca el ambiente, pero calienta las cervezas. Y como para que la cosa tenga sentido, hay que echar un pie con aquella canción que causó furor en el carnaval de milnovecientosalgo..., acurrúcame mama, agarra tu pareja, llévala para el rincón y apriétala y ajá mi pana, mi llave, mi sangreee...

          2
          ¿En tu casa mataron cerdo? ¿Le tuviste miedo a la sangre?  ¿Entonces, por qué estas espabilando?  Ya sé, tienes miedo...Tú tienes miedo. A mí me lo dijo un pajarito. Por eso no fuiste a la escuela dominical. Tú no te sabes el
catecismo. El padre estuvo diciendo que había que aprenderse el catecismo.

          Papá Dios se va a poner bravo si sigues llamando a los santos con otros nombres. Tienes que rezar para que él te perdone y puedas hacer la primera comunión. Mi mamá ya me está haciendo el traje blanco como dijo la monjita que nos lleva al patio de la casa parroquial. Después nos dieron desayuno. Comimos pan y un vaso de leche peona, de esa que traen de Estados Unidos. A mí me daba una risa..., y como casi me orino me dieron permiso al baño. Cuando regresé ya estaban jugando, tin marín de do pingüé. Los niños decían que Mambrú se fue a la guerra, qué dolor, qué dolor, qué pena y la niñas, ato, ato, materile rile ro, qué nombre le pondremos, materile rile ro y yo dije,  le pondremos la miedosa, materile rile ro... Hasta que apareció la seño de  quinto y me quedó mirando y yo me quedé sin espabilar... Así, así. Yo no tengo miedo como tú. Cuando me muera voy a estar con los angelitos junto a mi hermanita. A ti en cambio, te va a llevar tío Unita con esos dientes picados que tienes de tanto comer helados del viejo Caramelo y ni una madrina puedesalvar a la hija de la dueña de El Batey y El Areíto. En este barrio alguien se va a morir, sabes. La otra noche dicen que escucharon el taxi de Juan Pote por los lados de La Preferida... ¡Perdiste, perdiste! Volviste a espabilar. Mejor juguemos a otra cosa. Tira la piedra, Gladis, salta, salta, para que llegues al cielo...

          3
          Al viejo Caramelo se le aguaron los helados. Ya no anda por ahí con su tilín de paletas. Ya no discute con el hombre que cambia botellas viejas por pirulís, ni grita más que el gallego que afila tijeras, ni tiene más ritmo  que el que vende petos calientes, ni enamora a la negra culona que se echa un platón de frutas a la cabeza. La tristeza se le vino encima y de un tramojazo le desconectó la bemba, le sacudió el olor a mugre, tabaco y ron y le dejó una carita de pitirre jarto de caballito que no puede con ella. No es más que un saquito desmirriado de huesos blandos que se empecina en arrastrar. Algo tuvo que rompérsele en alguna parte para que de vez en cuando suelte un par de palabras en una lengua de extensas llanuras que deben estar al otro lado del mar y luego, se quede mirando hacia ninguna parte. ¡Mandinga sea! La soledad ya le derritió un ojo y el otro se lo dejó como un mamoncillo chupado. Tal vez si hubiera sido boxeador o pelotero. O le hubiera sacado jugo a su pieza como hizo Trío Jesús. Pero cuando un día descubrió que tenía un corazón almibarado y 14 hijos hechos con el mismo chocolate, batidos en diferentes ollas, no le quedó de otra que pregonar helados: "Sabrositos son... Los llevo de piña para las niñas, de coco para los locos, de guayaba para la gente brava, de leche cortada para la mujer amada, de mantecado para los avispados... ¡Quien pide uno, quiere dos...! Sabrositos son... Caramalito para los pollos". Aunque no hay hielo que resista tanto sol ni cuerpo que no se chicharre bajo el sombrero de los años. Que no se nació para semilla, que la muerte habita detrás de las orejas y todas esas cosas que va diciendo la  gente a medida que deja de empalagarse con las anilinas de la vida y toma  buches de agua para que no se les piquen las muelas.

          4
          Ahora tú vas a ver lo que va a pasar. Ahí viene la Rolliza. Esa es pura candela viva al caminar. Toda senos, toda muslos. Bocaticos. Merenguitos. Heladitos del viejo Caramelo. ¡Qué papito!, ¡qué bollito! Latigazos de pantera con cada atácala que ella cae. Mamacita, tú estas buena, pero buena de verdad. No, no, fíjate en la Cola de Langosta, habráse visto semejante. Sacúdelo, cosa rica, contigo yo. Olvídala, ella no te va a querer. Tenle cuidado: ella fue mi vecina y no es sino puro plante y ma ná. Buchipluma. Tiene el corazón de melón; por ti no se muere. Castígala con tu indiferencia, viejo pin, que chévere con chévere. Mejor ponle el ojo a Cinturita de Avispa que está como para echarle semilla a la maraca. Déjate ya de estar fumándote las cáscaras de aguacate y sirve el otro trago, sírvelo. Cha cuchá cucuchá cha que esto no aguanta más. Métele mambo, mija, más meneito. Guapea muñequita consentida, mi amorcito ligero, pedacito de mi vida. ¿Y quién es esa otra que agita este cañaveral? Anjá la Pechugona. Doblefea la niña. Perniles criminales. Adiós bandolera, adiós bochinchera, adiós saco de trampas, raquetera. ¡Maluca! Con esa cara, con ese cuerpo, tan bella y sin sentimiento. ¡Pedra! ¿Pero dónde está la Capullito de Alhelí, mi debilidad, labios de coral? ¡Cuando te agarre, bomboncito salao, dueña de mi querer, tú  vas a ver! Ven pa'ca, arrolladora, sógoro cosongo de mamey. ¡Por tu amor daría hasta el cheque de la quincena! ¡Ay, ay que le zumba a esta tal literatura nacional que lo deja a uno hablando solo! Ahora dizque ha jurado por San Antonio que las mujeres son demonios y los hombres angelitos. Patacón, patacón. ¿Como estas Miguel? ¿Qué se hizo este? ¡Otra vez el narrador de ficciones ganado por una más! ¡El verbo se le hizo carne! ¿Con quién dice que se fue el muy?

          5
          Pastorita la dulce no tiene más ojos que para Toño Patacón. Con la mirada se lo dice todo: tiene mal de amor como la protagonista de la telenovela de las nueve. A ella le pasa lo mismito que a Amanda del Mar: se siente sola e incomprendida como se lo dijo a la bruja en el ultimo capítulo: "Nadie me quiere porque soy pobre, aunque honrada". Y eso le arruga el corazón, porque se acuerda de lo que le dijeron unas melegas el día de salida: "Los hombres no se casan con las mujeres rotas, no te has fijado en la pobre Amanda del Mar, la pobrecita, tan solita, a pesar de ser la hija de don Fulgencio Santillana". Pero qué va, piensa Pastorita la dulce, eso es pura y física envidia como cuando tuvo guararé con el cabo ese que le dedicaba boleros en la radio. La bruja que le leyó el café se lo dijo: "El no es de la estatura de tu vida". Por eso, aunque Toño Patacón se haga el que ni pa'llá voy a mirá y ande todo emperfumadito de "Potpurri de Pasión", con su gorrita de pelotero, el aretico de oro de 14, los jeans apretaítos y la mochila terciada no deja de ser el muy pecuecudo pie pelúo que sigue abriéndole paso a cuanta geva desfila, dizque de alacrán, alacrán... ¿Que va a saber ella? "¿Cómo es, Toñopatacón?..." Por una cosa tan simple no va ha dejar de mirarlo... Ahora le gustaría que ese musiul que anda por ahí tomándole foto a cuanta negra pechugona aparece, le regalara una fotico del Toñopatacón para rezarle junto  a Amanda del Mar: "Con dos te miro, con tres te ato, la voluntad te quito, el  corazón te parto..."

          6
          Es la hora en que la barriga llena busca la mecedora o la mariapalito que está debajo del árbol más frondoso de un patio en donde el cielo se cuela con una leve brisa que huele a mariscos. El tiempo se ha detenido en la punta de un cigarro, en el fondo de una taza de café negro, en la cuchara que apiló un bocadito de arroz en una esquina del plato de peltre. A lo lejos suena un radio con una cancioncilla que fue el palo sensacional de la temporada de carnaval de milnovecientosalgo..., cuando el nombre de Trío Jesús se hizo popular entre los enamorados y fue escrito en cuanta pared se les ocurrió. Una iguana digiere a la soñolienta mosca que pudo cazar en el borde de la alberca. Sobre el techo de latón las hojas secas apagan su conversación tostada por el sol del verano. Una muchacha acostada de medio lado en la hamaca que le compró a un turco que a su vez se la había cambiado por ron a unos indios, suena sin imágenes como si cayera en el vacío de la muerte. No hay números para la lotería de animales ni para la rifa de los dos jabones Camay ni para la ruleta que pondrán en el centro del parque el día de la Virgen del Carmen cuando los parlantes suelten lo último en guaracha y un hombre grite: cuatervantua miquere carcarie. La vida no pasa, se ha quedado estancada en un sopor que amodorra, en la ropa colgada del tendedero, en los olores de un manglar. Dos horas después, la tarde volverá a ser el gallo que busca gusanitos en la arena, el perro que se estira en su triste condición flaca, pulgosa y callejera o será tan maternalmente serena como una vaca que hay que guiar hacia el establo de la noche.

          7
          Juan Pote sigue haciendo carreras de taxi. Al amanecer se estaciona a un lado del parque y mientras aparece el primer pasajero, brilla el auto pasándole una bayetilla roja. Quizás hoy recoja a Toño Patacón que regresa a casa después de una noche de farra descomunal. O a una de las mujeres de El Areíto o de El Batey: la Cola de Langosta, Cinturita de Avispa, la
Rolliza..., que han terminado sus oficios amorosos con los labios mordidos, los ojos enrojecidos y la mata de pelo hecha un estropajo. Entonces cruza la ciudad contándole al cliente de turno sobre Beatriz, esa muñequita que está parada en el capó de su auto dando vueltas como una bailarina de una cajita de música, pero sin música. Sin embargo, nadie podrá verla aunque se esfuerce porque no es más que una imagen pegada a la retina de sus sueños. Y así entre una dirección y otra, la luz de un nuevo día comienza a clarear las cosas. 

          Los sonidos van tomando sus trajes cotidianos. Los primeros gallos sueltan su kikirikí de pesadilla. Es hora del regreso, de entregar la tarifa que le ha impuesto quién sabe quién. La calle está dura, durísima. Llega a un portón metálico, atraviesa los fríos mármoles de la primera instancia, pasa bajo un arco con ángeles y coros de ranas y se detiene entre la maleza crecida, bajo el cielo blando, en lo profundo de un patio amplio que lo devuelve al temblor de Beatriz. Detrás de unas flores marchitas colocadas en un florero de plástico en donde el agua se ha podrido, lee una plaquita metálica:

JUAN POTE
Julio 15 de 1909 - Noviembre 2 de 1982
EN PAZ DESCANSE

          8
          El día que dijeron que presentarían al intérprete de la canción que fue el palo en aquel carnaval de milnovecientosalgo..., en que el nombre de Trío Jesús estuvo de boca en boca, nadie quiso quedarse en casa, y diciéndose unos a otros yo te vi bailando eso en el carnaval, ajá, ajá, llenaron el teatro como si fuera una vespertina de Tarzán. Durante varios días un jeep con una bocina en el techo estuvo recorriendo las principales calles anunciando al músico que le puso la tapa al pomo, lema que coincidía en la voz gangosa del locutor con el ungüento que patrocinaba la presentación. "Oyelo que te conviene...". La gente en sus casas comentaba el acontecimiento a la hora del almuerzo, antes que el sueño y el calor -que lo afloja todo- los fueran ganando con un amodorramiento de canción en la radio del mediodía que algunas veces era interrumpida por una voz que citaba al personal para el Terminal: 

          "...aguadores, 15 guincheros, dos mecánicos, un...". Para algunos, el tal Trío Jesús de mierda se trataba indiscutiblemente de un negro seguidor de la escuela de Benny Moré, para otros no era más que un indio sobreviviente de las tribus Tainas y para los que decían poder reconocer cualquier color en la voz, no quedó emisora ni programa -incluidos los deportivos- a donde no llamaran para defender la posición de hombre blanco con mucho saoco, "para que sufran". Aún momentos antes que empezara la función, mientras desfilaban todos los grupos folclóricos de la ciudad, hubo acaloradas discusiones y apuestas como si se tratara de peleas de gallos. Y hasta la policía tuvo que tomar cartas en el asunto, no solo para garantizar que se presentara el  ultimo de los invitados, Gladis -una niña que recitó una oda a la papaya-,  sino poco después cuando el publico soltó los caballos contra el presentador  a pesar de que este había ofrecido devolver el dinero de la entrada y regalarles media docena de pomadas. "Ese Trío Jesús parece el fantasma de la ópera", le comentó Toño Patacón a Pastorita la dulce, sin dejar de rascarse entre las piernas a medida que caminaban entre las sillas destrozadas . "Me  contaron que hace unos años lo habían fotografiado junto a unos presentadores  y en su lugar había salido un manchón".

          9
          No se le puede venir a echar cuentos al Cuentero que ha sido loro, canoa, guacamaya, huracán, mico, yuca, luna, tortuga, mango, gallo, fiebre y lagarto desde que los dioses se quedaron sordos con tanto alboroto de fierros a los cuatro vientos: cadenas para unos, espadas para las cabezas de muchos. Locura por tantas pepitas que no cambiaban de color con los humores. Y entonces los que llegaron elevados sobre las cuatro patas de animal en que caminaba su lengua de fuego, fueron encendiendo monte en nombre de esto y en nombre de aquello otro, como si atizaran pilas de nuevos cataros, hideputas comefríos, roñosos turcos vendedores de hamacas que se las habían cambiado a los indios por botellas de rompepecho, y otras invasiones sabáticas; sin saber que el Cuentero hecho diablo viejo de cristiano -ora en El Areíto, ora en El Batey, ora en La Preferida- se encargaba ya de encender en la sangre de aquellos Hidalgos Castellanos la chicha fermentada, la embriagadora danza, el guiso de iguana y el pubis desnudo de la Cola de Langosta con que la muerte prepara su festín para la afilada dentadura de Caníbales y Cimarrones que aguardan con el dios pintado de guerrero en el pecho y un niño en cruz en cada brazo.

          Ante tanto revuelo, Pastorita la dulce que ha terminado de ver Amanda del Mar, se asoma por una ventanita de la casa de donde salta un arisco gato negro porque unas pedras amigas suyas le han venido a contar que han visto a Toño Patacón en un taxi por los lados del cementerio. En cambio el señor Almansa, su patrón, fingiendo la voz de telenovela de don Fulgencio Santillana para no pasar por sapo, llama a la policía para informarles que hay palo, puño y puñalá... Cosas de barbules ."En esta calle a mucho guapo han matao... Con decirle teniente... ¿cómo?,  perdón cabo... que si uno quiere salvar la vida en este barrio, mire, uno tiene que trancarse temprano... Aquí se necesitan más de cuatro policías y un santo para estar amparao". Y mide sus palabras, no se identifica, no dice más.

          10
          Aquel domingo de carnaval de milnovecientosalgo... (El Cacha -que no entra en clave: Fue a comienzos de la década del setenta. El Lector -que se las pilla todas: ¡Estás cruzao, llave! El Narrador -pequeño dios Yo-: ¡Pero qué importa! Pongamos un poco de desorden al desorden. ¡En Carnaval todo pasa!), en que Capullito de Alhelí Primera fue capitana del morrocotudo baile Pachanga en Tecnicolor" todo el mundo celebró la presencia de la dueña de El Areíto y El Batey en la mejor fiesta que ha visto este barrio. Para cargar aquella enorme figura doblemente envuelta en satín, muselina, gasas y sedas de la madama se necesitaron varias cuadrillas del Terminal, tres aguadores, 15 güincheros, dos mecánicos, un conductor y su ayudante, que luego la transportaron en la parte posterior de un jeep del mercado. Y no habían terminado de descargarla en un sofá en el centro de la pista de baile como si se tratara del escaparate mayor de un picó, cuando reventó una pirotecnia de sonidos que nadie había escuchado desde los Tiempos del Ruido. El desguarrule -que debió de haber registrado el sismógrafo del padre Goberna- coincidió con el estallido de la olla en donde habían estado sandunguiando un sancocho trifásico. "!La olla, la olla, se rompió la olla!", gritó alguien. Entonces no hubo disfrazado, ni comparsa, ni danza que no terminara salpicado por la vitualla. No obstante, la gorda pidió que siguiera el empújale que empújale la aguja hasta la madrugada cuando dijo que para no aguacatarse quería ver cómo era eso del baile de la pluma, y la cosa hubiera resultado en despeluque total si en ese preciso momento los negros de la Danza del Torito no hubieran entrado dándose golpes con los de la Danza del Congo. "Viva la capa roja", "viva la pechera amarilla", "viva la que no tiene miedo", "viva el respeto", "viva el lucimiento", "viva el orgullo", situación que aprovechó una reconocida investigadora para resumir el marco teórico en el oído de aquel buda de carnaval, "son simples reminiscencias de guerras tribales entre antiguas naciones africanas". En medio de las arengas y del revolú general apareció un Tarzán criollo golpeándose el pecho y arqueando las manos sobre la boca que dejó a todos como los helados del viejo Caramelo. Trepado en la puerta del cuarto a donde se había ido a refugiar con Capullito de Alhelí, nuevamente coronada después del tema que había enloquecido de amor a más de uno, gritó con toda las fuerzas de sus pulmones de hombre mono de las pantallas de todas sus vespertinas dominicales: "Viva Trío Jesús". En La Preferida aún muchos con el venventú formado discuten que la voz les sonó conocida. Un borracho: "A mi no me pregunten, yo no estaba ahí". El Coro: "Borracho no vale, no señor".
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©  Jaime Cabrera González

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen I - Número 3
Octubre-Noviembre-Diciembre 2000

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENNCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
BARRANQUILLA - COLOMBIA

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Fragmentos del Caribe

Jaime Cabrera González

          La obra del fotógrafo francés Patric Clanet "Fragmentos del Caribe" es una crónica visual cargada de vivencias, reflejos, atmósferas y recuerdos propios de una realidad paralela. En el oficio de mirar la lente ejerce su total libertad. Todo sucede aquí como una especie de antes en que el habitante de esta región bañada por el Mar Caribe, se convierte en objetivo percusionante. Son referencias cotidianas en que se pueden escuchar sin la necesidad de exagerados formalismos técnicos, el desdén y la nostalgia ancestral de estos pueblos, de sus hombres y mujeres. Y es precisamente en esa deserción del artificio que cabe naturalmente la propuesta del acto mismo de la militancia  artística de este costeño venido de otras orillas: espontaneidad, fantasía y juego. Guiños personales que le permitirán al observador las posibilidades de nuevos espejos. En pocas palabras, son solo apartes de un largo cuento de una cuenca que comparten indígenas y blancos y negros; con un mismo cielo y un mismo mar; costumbres y tradiciones y mitos y ritmos... Todo mezclado. Imágenes para ser colgadas en el clavito de esa memoria colectiva que identifica al Caribe.

          (Los siguientes textos han sido numerados, pero no desmerecen cualquier otro orden dispuesto para su lectura).


          1
          En domingo, la esquina es el cuero templado de un tambor que convoca pracatá pracatá tucupá tucupá con su llamado ancestral al vacilón del quítate tu pa' ponerme yo. En La Preferida se abren las dobles alas verdes de un corazón dispuesto a abastecer a toda la clientela del barrio. "Los saludos señores,  los saludos señores...", dice el Cacha. Un niño aparece preguntando por un litro de leche y cuatro panes de sal y el saldo en el fiao. Un hombre, quién  sabe con cuántas amanecidas encima, con la borrachera viva escoge en el traganíquel el tema de Trío Jesús que describe los infortunios de un desamor que no pudieron borrar las 7 botellas de rompepecho y los 4 paquetes de cigarrillos negros americanos que les ganó a unos vaporinos. Y cuando  comienza a calentar el sol, los muchachos organizan sus líneas para un partido de béisbol con las tapas de las gaseosas y un palito de escoba. Los jugadores de dominó, en cambio, buscan la sombra en donde rodar la mesa y poder menear las fichas que abren el juego y ahorcan tanto bla bla bla. Es entonces cuando aparece Capullito de Alhelí, ahí na má, caderona, canillona, tumbacatre ella, mulatona ella, sandunguera, cosita linda que tiene los labios de guayaba madura y camina al son de un tumbao interior que por los vientos que soplan suena a barababatiri de picó, y se desordenan todos los juegos, las cayenas arrebatamachos, Tono Patacón que permanecía apoyando un pie contra la pared desconchada de tantas esperas. "Para mi tú eres la reina, las demás son las demás". Palabras que se elevan por encima de un arreglo de cuentas entre Caníbales y Cimarrones contra Hidalgos Castellanos. Y así se va pasando el día y la tarde con su olor a pescado frito en manteca de cerdo caliente y va llegando la noche con los que se fueron para la playa. Una brisita encontrada de río y mar refresca el ambiente, pero calienta las cervezas. Y como para que la cosa tenga sentido, hay que echar un pie con aquella canción que causó furor en el carnaval de milnovecientosalgo..., acurrúcame mama, agarra tu pareja, llévala para el rincón y apriétala y ajá mi pana, mi llave, mi sangreee...

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          ¿En tu casa mataron cerdo? ¿Le tuviste miedo a la sangre?  ¿Entonces, por qué estas espabilando?  Ya sé, tienes miedo...Tú tienes miedo. A mí me lo dijo un pajarito. Por eso no fuiste a la escuela dominical. Tú no te sabes el
catecismo. El padre estuvo diciendo que había que aprenderse el catecismo.

          Papá Dios se va a poner bravo si sigues llamando a los santos con otros nombres. Tienes que rezar para que él te perdone y puedas hacer la primera comunión. Mi mamá ya me está haciendo el traje blanco como dijo la monjita que nos lleva al patio de la casa parroquial. Después nos dieron desayuno. Comimos pan y un vaso de leche peona, de esa que traen de Estados Unidos. A mí me daba una risa..., y como casi me orino me dieron permiso al baño. Cuando regresé ya estaban jugando, tin marín de do pingüé. Los niños decían que Mambrú se fue a la guerra, qué dolor, qué dolor, qué pena y la niñas, ato, ato, materile rile ro, qué nombre le pondremos, materile rile ro y yo dije,  le pondremos la miedosa, materile rile ro... Hasta que apareció la seño de  quinto y me quedó mirando y yo me quedé sin espabilar... Así, así. Yo no tengo miedo como tú. Cuando me muera voy a estar con los angelitos junto a mi hermanita. A ti en cambio, te va a llevar tío Unita con esos dientes picados que tienes de tanto comer helados del viejo Caramelo y ni una madrina puedesalvar a la hija de la dueña de El Batey y El Areíto. En este barrio alguien se va a morir, sabes. La otra noche dicen que escucharon el taxi de Juan Pote por los lados de La Preferida... ¡Perdiste, perdiste! Volviste a espabilar. Mejor juguemos a otra cosa. Tira la piedra, Gladis, salta, salta, para que llegues al cielo...

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          Al viejo Caramelo se le aguaron los helados. Ya no anda por ahí con su tilín de paletas. Ya no discute con el hombre que cambia botellas viejas por pirulís, ni grita más que el gallego que afila tijeras, ni tiene más ritmo  que el que vende petos calientes, ni enamora a la negra culona que se echa un platón de frutas a la cabeza. La tristeza se le vino encima y de un tramojazo le desconectó la bemba, le sacudió el olor a mugre, tabaco y ron y le dejó una carita de pitirre jarto de caballito que no puede con ella. No es más que un saquito desmirriado de huesos blandos que se empecina en arrastrar. Algo tuvo que rompérsele en alguna parte para que de vez en cuando suelte un par de palabras en una lengua de extensas llanuras que deben estar al otro lado del mar y luego, se quede mirando hacia ninguna parte. ¡Mandinga sea! La soledad ya le derritió un ojo y el otro se lo dejó como un mamoncillo chupado. Tal vez si hubiera sido boxeador o pelotero. O le hubiera sacado jugo a su pieza como hizo Trío Jesús. Pero cuando un día descubrió que tenía un corazón almibarado y 14 hijos hechos con el mismo chocolate, batidos en diferentes ollas, no le quedó de otra que pregonar helados: "Sabrositos son... Los llevo de piña para las niñas, de coco para los locos, de guayaba para la gente brava, de leche cortada para la mujer amada, de mantecado para los avispados... ¡Quien pide uno, quiere dos...! Sabrositos son... Caramalito para los pollos". Aunque no hay hielo que resista tanto sol ni cuerpo que no se chicharre bajo el sombrero de los años. Que no se nació para semilla, que la muerte habita detrás de las orejas y todas esas cosas que va diciendo la  gente a medida que deja de empalagarse con las anilinas de la vida y toma  buches de agua para que no se les piquen las muelas.

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          Ahora tú vas a ver lo que va a pasar. Ahí viene la Rolliza. Esa es pura candela viva al caminar. Toda senos, toda muslos. Bocaticos. Merenguitos. Heladitos del viejo Caramelo. ¡Qué papito!, ¡qué bollito! Latigazos de pantera con cada atácala que ella cae. Mamacita, tú estas buena, pero buena de verdad. No, no, fíjate en la Cola de Langosta, habráse visto semejante. Sacúdelo, cosa rica, contigo yo. Olvídala, ella no te va a querer. Tenle cuidado: ella fue mi vecina y no es sino puro plante y ma ná. Buchipluma. Tiene el corazón de melón; por ti no se muere. Castígala con tu indiferencia, viejo pin, que chévere con chévere. Mejor ponle el ojo a Cinturita de Avispa que está como para echarle semilla a la maraca. Déjate ya de estar fumándote las cáscaras de aguacate y sirve el otro trago, sírvelo. Cha cuchá cucuchá cha que esto no aguanta más. Métele mambo, mija, más meneito. Guapea muñequita consentida, mi amorcito ligero, pedacito de mi vida. ¿Y quién es esa otra que agita este cañaveral? Anjá la Pechugona. Doblefea la niña. Perniles criminales. Adiós bandolera, adiós bochinchera, adiós saco de trampas, raquetera. ¡Maluca! Con esa cara, con ese cuerpo, tan bella y sin sentimiento. ¡Pedra! ¿Pero dónde está la Capullito de Alhelí, mi debilidad, labios de coral? ¡Cuando te agarre, bomboncito salao, dueña de mi querer, tú  vas a ver! Ven pa'ca, arrolladora, sógoro cosongo de mamey. ¡Por tu amor daría hasta el cheque de la quincena! ¡Ay, ay que le zumba a esta tal literatura nacional que lo deja a uno hablando solo! Ahora dizque ha jurado por San Antonio que las mujeres son demonios y los hombres angelitos. Patacón, patacón. ¿Como estas Miguel? ¿Qué se hizo este? ¡Otra vez el narrador de ficciones ganado por una más! ¡El verbo se le hizo carne! ¿Con quién dice que se fue el muy?

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          Pastorita la dulce no tiene más ojos que para Toño Patacón. Con la mirada se lo dice todo: tiene mal de amor como la protagonista de la telenovela de las nueve. A ella le pasa lo mismito que a Amanda del Mar: se siente sola e incomprendida como se lo dijo a la bruja en el ultimo capítulo: "Nadie me quiere porque soy pobre, aunque honrada". Y eso le arruga el corazón, porque se acuerda de lo que le dijeron unas melegas el día de salida: "Los hombres no se casan con las mujeres rotas, no te has fijado en la pobre Amanda del Mar, la pobrecita, tan solita, a pesar de ser la hija de don Fulgencio Santillana". Pero qué va, piensa Pastorita la dulce, eso es pura y física envidia como cuando tuvo guararé con el cabo ese que le dedicaba boleros en la radio. La bruja que le leyó el café se lo dijo: "El no es de la estatura de tu vida". Por eso, aunque Toño Patacón se haga el que ni pa'llá voy a mirá y ande todo emperfumadito de "Potpurri de Pasión", con su gorrita de pelotero, el aretico de oro de 14, los jeans apretaítos y la mochila terciada no deja de ser el muy pecuecudo pie pelúo que sigue abriéndole paso a cuanta geva desfila, dizque de alacrán, alacrán... ¿Que va a saber ella? "¿Cómo es, Toñopatacón?..." Por una cosa tan simple no va ha dejar de mirarlo... Ahora le gustaría que ese musiul que anda por ahí tomándole foto a cuanta negra pechugona aparece, le regalara una fotico del Toñopatacón para rezarle junto  a Amanda del Mar: "Con dos te miro, con tres te ato, la voluntad te quito, el  corazón te parto..."

          6
          Es la hora en que la barriga llena busca la mecedora o la mariapalito que está debajo del árbol más frondoso de un patio en donde el cielo se cuela con una leve brisa que huele a mariscos. El tiempo se ha detenido en la punta de un cigarro, en el fondo de una taza de café negro, en la cuchara que apiló un bocadito de arroz en una esquina del plato de peltre. A lo lejos suena un radio con una cancioncilla que fue el palo sensacional de la temporada de carnaval de milnovecientosalgo..., cuando el nombre de Trío Jesús se hizo popular entre los enamorados y fue escrito en cuanta pared se les ocurrió. Una iguana digiere a la soñolienta mosca que pudo cazar en el borde de la alberca. Sobre el techo de latón las hojas secas apagan su conversación tostada por el sol del verano. Una muchacha acostada de medio lado en la hamaca que le compró a un turco que a su vez se la había cambiado por ron a unos indios, suena sin imágenes como si cayera en el vacío de la muerte. No hay números para la lotería de animales ni para la rifa de los dos jabones Camay ni para la ruleta que pondrán en el centro del parque el día de la Virgen del Carmen cuando los parlantes suelten lo último en guaracha y un hombre grite: cuatervantua miquere carcarie. La vida no pasa, se ha quedado estancada en un sopor que amodorra, en la ropa colgada del tendedero, en los olores de un manglar. Dos horas después, la tarde volverá a ser el gallo que busca gusanitos en la arena, el perro que se estira en su triste condición flaca, pulgosa y callejera o será tan maternalmente serena como una vaca que hay que guiar hacia el establo de la noche.

          7
          Juan Pote sigue haciendo carreras de taxi. Al amanecer se estaciona a un lado del parque y mientras aparece el primer pasajero, brilla el auto pasándole una bayetilla roja. Quizás hoy recoja a Toño Patacón que regresa a casa después de una noche de farra descomunal. O a una de las mujeres de El Areíto o de El Batey: la Cola de Langosta, Cinturita de Avispa, la
Rolliza..., que han terminado sus oficios amorosos con los labios mordidos, los ojos enrojecidos y la mata de pelo hecha un estropajo. Entonces cruza la ciudad contándole al cliente de turno sobre Beatriz, esa muñequita que está parada en el capó de su auto dando vueltas como una bailarina de una cajita de música, pero sin música. Sin embargo, nadie podrá verla aunque se esfuerce porque no es más que una imagen pegada a la retina de sus sueños. Y así entre una dirección y otra, la luz de un nuevo día comienza a clarear las cosas. 

          Los sonidos van tomando sus trajes cotidianos. Los primeros gallos sueltan su kikirikí de pesadilla. Es hora del regreso, de entregar la tarifa que le ha impuesto quién sabe quién. La calle está dura, durísima. Llega a un portón metálico, atraviesa los fríos mármoles de la primera instancia, pasa bajo un arco con ángeles y coros de ranas y se detiene entre la maleza crecida, bajo el cielo blando, en lo profundo de un patio amplio que lo devuelve al temblor de Beatriz. Detrás de unas flores marchitas colocadas en un florero de plástico en donde el agua se ha podrido, lee una plaquita metálica:

JUAN POTE
Julio 15 de 1909 - Noviembre 2 de 1982
EN PAZ DESCANSE

          8
          El día que dijeron que presentarían al intérprete de la canción que fue el palo en aquel carnaval de milnovecientosalgo..., en que el nombre de Trío Jesús estuvo de boca en boca, nadie quiso quedarse en casa, y diciéndose unos a otros yo te vi bailando eso en el carnaval, ajá, ajá, llenaron el teatro como si fuera una vespertina de Tarzán. Durante varios días un jeep con una bocina en el techo estuvo recorriendo las principales calles anunciando al músico que le puso la tapa al pomo, lema que coincidía en la voz gangosa del locutor con el ungüento que patrocinaba la presentación. "Oyelo que te conviene...". La gente en sus casas comentaba el acontecimiento a la hora del almuerzo, antes que el sueño y el calor -que lo afloja todo- los fueran ganando con un amodorramiento de canción en la radio del mediodía que algunas veces era interrumpida por una voz que citaba al personal para el Terminal: 

          "...aguadores, 15 guincheros, dos mecánicos, un...". Para algunos, el tal Trío Jesús de mierda se trataba indiscutiblemente de un negro seguidor de la escuela de Benny Moré, para otros no era más que un indio sobreviviente de las tribus Tainas y para los que decían poder reconocer cualquier color en la voz, no quedó emisora ni programa -incluidos los deportivos- a donde no llamaran para defender la posición de hombre blanco con mucho saoco, "para que sufran". Aún momentos antes que empezara la función, mientras desfilaban todos los grupos folclóricos de la ciudad, hubo acaloradas discusiones y apuestas como si se tratara de peleas de gallos. Y hasta la policía tuvo que tomar cartas en el asunto, no solo para garantizar que se presentara el  ultimo de los invitados, Gladis -una niña que recitó una oda a la papaya-,  sino poco después cuando el publico soltó los caballos contra el presentador  a pesar de que este había ofrecido devolver el dinero de la entrada y regalarles media docena de pomadas. "Ese Trío Jesús parece el fantasma de la ópera", le comentó Toño Patacón a Pastorita la dulce, sin dejar de rascarse entre las piernas a medida que caminaban entre las sillas destrozadas . "Me  contaron que hace unos años lo habían fotografiado junto a unos presentadores  y en su lugar había salido un manchón".

          9
          No se le puede venir a echar cuentos al Cuentero que ha sido loro, canoa, guacamaya, huracán, mico, yuca, luna, tortuga, mango, gallo, fiebre y lagarto desde que los dioses se quedaron sordos con tanto alboroto de fierros a los cuatro vientos: cadenas para unos, espadas para las cabezas de muchos. Locura por tantas pepitas que no cambiaban de color con los humores. Y entonces los que llegaron elevados sobre las cuatro patas de animal en que caminaba su lengua de fuego, fueron encendiendo monte en nombre de esto y en nombre de aquello otro, como si atizaran pilas de nuevos cataros, hideputas comefríos, roñosos turcos vendedores de hamacas que se las habían cambiado a los indios por botellas de rompepecho, y otras invasiones sabáticas; sin saber que el Cuentero hecho diablo viejo de cristiano -ora en El Areíto, ora en El Batey, ora en La Preferida- se encargaba ya de encender en la sangre de aquellos Hidalgos Castellanos la chicha fermentada, la embriagadora danza, el guiso de iguana y el pubis desnudo de la Cola de Langosta con que la muerte prepara su festín para la afilada dentadura de Caníbales y Cimarrones que aguardan con el dios pintado de guerrero en el pecho y un niño en cruz en cada brazo.

          Ante tanto revuelo, Pastorita la dulce que ha terminado de ver Amanda del Mar, se asoma por una ventanita de la casa de donde salta un arisco gato negro porque unas pedras amigas suyas le han venido a contar que han visto a Toño Patacón en un taxi por los lados del cementerio. En cambio el señor Almansa, su patrón, fingiendo la voz de telenovela de don Fulgencio Santillana para no pasar por sapo, llama a la policía para informarles que hay palo, puño y puñalá... Cosas de barbules ."En esta calle a mucho guapo han matao... Con decirle teniente... ¿cómo?,  perdón cabo... que si uno quiere salvar la vida en este barrio, mire, uno tiene que trancarse temprano... Aquí se necesitan más de cuatro policías y un santo para estar amparao". Y mide sus palabras, no se identifica, no dice más.

          10
          Aquel domingo de carnaval de milnovecientosalgo... (El Cacha -que no entra en clave: Fue a comienzos de la década del setenta. El Lector -que se las pilla todas: ¡Estás cruzao, llave! El Narrador -pequeño dios Yo-: ¡Pero qué importa! Pongamos un poco de desorden al desorden. ¡En Carnaval todo pasa!), en que Capullito de Alhelí Primera fue capitana del morrocotudo baile Pachanga en Tecnicolor" todo el mundo celebró la presencia de la dueña de El Areíto y El Batey en la mejor fiesta que ha visto este barrio. Para cargar aquella enorme figura doblemente envuelta en satín, muselina, gasas y sedas de la madama se necesitaron varias cuadrillas del Terminal, tres aguadores, 15 güincheros, dos mecánicos, un conductor y su ayudante, que luego la transportaron en la parte posterior de un jeep del mercado. Y no habían terminado de descargarla en un sofá en el centro de la pista de baile como si se tratara del escaparate mayor de un picó, cuando reventó una pirotecnia de sonidos que nadie había escuchado desde los Tiempos del Ruido. El desguarrule -que debió de haber registrado el sismógrafo del padre Goberna- coincidió con el estallido de la olla en donde habían estado sandunguiando un sancocho trifásico. "!La olla, la olla, se rompió la olla!", gritó alguien. Entonces no hubo disfrazado, ni comparsa, ni danza que no terminara salpicado por la vitualla. No obstante, la gorda pidió que siguiera el empújale que empújale la aguja hasta la madrugada cuando dijo que para no aguacatarse quería ver cómo era eso del baile de la pluma, y la cosa hubiera resultado en despeluque total si en ese preciso momento los negros de la Danza del Torito no hubieran entrado dándose golpes con los de la Danza del Congo. "Viva la capa roja", "viva la pechera amarilla", "viva la que no tiene miedo", "viva el respeto", "viva el lucimiento", "viva el orgullo", situación que aprovechó una reconocida investigadora para resumir el marco teórico en el oído de aquel buda de carnaval, "son simples reminiscencias de guerras tribales entre antiguas naciones africanas". En medio de las arengas y del revolú general apareció un Tarzán criollo golpeándose el pecho y arqueando las manos sobre la boca que dejó a todos como los helados del viejo Caramelo. Trepado en la puerta del cuarto a donde se había ido a refugiar con Capullito de Alhelí, nuevamente coronada después del tema que había enloquecido de amor a más de uno, gritó con toda las fuerzas de sus pulmones de hombre mono de las pantallas de todas sus vespertinas dominicales: "Viva Trío Jesús". En La Preferida aún muchos con el venventú formado discuten que la voz les sonó conocida. Un borracho: "A mi no me pregunten, yo no estaba ahí". El Coro: "Borracho no vale, no señor".
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©  Jaime Cabrera González

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen I - Número 3
Octubre-Noviembre-Diciembre 2000

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENNCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
BARRANQUILLA - COLOMBIA

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