Los caminantes del cielo
Antonio Mora Vélez Poeta y cuentista de ciencia ficción (Selección de poemas realizada por el profesor y crítico literario Otto Ricardo Torres)
El Gran Arquitecto
La armonía de las estrellas Da testimonio de tu obra Lo mismo las distancias exactas Que separan las partículas del átomo Los planetas son tu esquina Más querida, los azules Porque en ellos reverdece El pensamiento
Nada gira sin que antes gire En tu conciencia La forma de todo lo existente es la misma forma de tu sueño
Estrella
La materia sale de tu llanto En ráfagas Y riega la epidermis del espacio Hasta que se junta y forma Las partículas del suelo
Por ti existen el surco alegre De las aguas El ulular del viento Y la epopeya de los árboles
Eres la luz que iluminó a Jesús Y que sembró en el corazón del hombre El sentimiento
Vivimos en tu aliento Y moriremos cuanto tu fuelle Agote su último latido Y tu rostro cambie de tono Por los siglos de los siglos
Relatividad
Regresaste del futuro Confundido con las palabras nuevas Que escuchaste en Baikonur
Ahora tu patria es un inmenso Campo de pedestales solitarios Y en las portadas no figuran Koljosianas sonrientes Ni el trigo que germina Ni las estelas de las naves Que hienden el celofán del cielo
Piensas en Einstein En los posibles viajes Por las aristas del tiempo bajas lentamente de la cápsula Y empiezas a sentirte Cosmonauta Serguei Visitante del pasado
Moisés
Quisiste que el fuego reinara Sobre el agua y la arena Y la espada del altlante Te condenó a vagar por las tierras del Desierto
Allí, un gorrión Te dio néctar de la roca y pan de tamarisco Te enseñó a caminar bajo la sombra De la nave protectora Y a dialogar con la acacia y el oro En el valle de los resplandores
La voz que te orientaba te prohibió Sembrar la vida en las entrañas de la hermana Y celebrar alianzas con el halcón de Behdet O con el carnero o el escarabajo
Estabas del lado del sol Y el amor era tu enseña Pero, ay, tu carne Bebió la sangre palaciega Conoció las carnes de ébano de las hijas de Cadesh Y fue cruelmente intolerante Con los idólatras de Tauro
Aún así Hay en esa zarza de la historia Y en el brillo de tu rostro En ese memorable día de las Tablas Una inocultable referencia a los dioses de la esfinge Que aún esperan Tu llegada a la tierra prometida
Hermes
Vives en tu cámara real deshilvanando la frecuencia de las ondas
Y no olvidas Las cúpulas brillantes de tu escuela Ni la lejana estrella En donde fuiste constructor y poeta
Convencido del mensaje De la luz No te resignas a ser dios Ni maestro de los símbolos
Apocalipsis V
Bajo por las escalinatas Y caminó por entre los ángeles custodios Su rostro brilla como el sol Y sus pies eran de metal acrisolado
Al llegar frente a los intérpretes les dijo Yo soy el dios de los profetas Pero mi Dios, el verdadero, No tiene nombre, ni rostro Es Él Y llena todo el espacio con su gloria __________________________________
© Antonio Mora Vélez
LA CASA DE ASTERIÓN ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios Volumen I - Número 3 Octubre-Noviembre-Diciembre de 2000
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA ISSN: 0124 - 9290
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - DEPARTAMENTO DE IDIOMAS BARRANQUILLA - COLOMBIA
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