Ciudadanos: "Consumidores pasivos" mas no "interlocutores activos"
Luz Janeth Ospina Universidad de Antioquia Jesús Correa Páez Universidad del Atlántico
"La Ley dice: No matarás. Esto quiere decir: No negarás a otro su lugar de interlocutor".
Jean Fracois Lyotard (1)
NOTA DEL DIRECTOR: Aunque este ensayo no trata específicamente de la literatura, que es el motivo central de LA CASA DE ASTERIÓN, he creído oportuno publicar este trabajo de los profesores Ospina y Correa, por analizar el interesante tópico de la interlocución o de la relación de comunicación con el otro, hoy tan obstaculizada en su funcionamiento, y por supuesto, muy tratada en el arte, sobre todo en la poesía y la narrativa posmodernas.
Cuando la Filosofía supera el realismo gnoseológico o facultad del hombre para entrar en el conocimiento de la realidad, como un acuerdo de la mente con la cosa, busca la verdad en el hombre mismo, en su inteligencia. Y más acá, cuando el filósofo se percata de que si nuestra 'educación lingüística', nuestros 'hábitos lingüísticos' y nuestro 'modo de pensar mediado lingüísticamente', nos exigen no sólo un pensamiento conceptual, sino también práctico, lo cual le conduce a una posición existencialista vaticinando la destrucción de las condiciones vitales, cuestiona "(...) si es realmente el Lenguaje el culpable de que nos encontremos en esta situación" (2) tan crítica. De ahí que las posturas por el rescate del ser, de la humanidad y el mundo, lo hagan en torno a la dialogicidad, por lo cual se afirma que la interlocución es el derecho por excelencia del ciudadano (3). Sin embargo, este derecho es violentado constantemente, no solo en Colombia, como pudiera pensarse, pues lo padecemos en 'vivo y en directo', sino en toda la Aldea Global.
En este texto se hará alusión a algunas situaciones comunicativas en las que el derecho a la interlocución es infringido. Dicha alusión se hará en el marco del siguiente planteamiento:
Tal como se configuran los actos comunicativos en la sociedad actual, se pretende subrepticiamente que los ciudadanos partícipes de tales actos en su rol de destinatarios se asuman como 'consumidores pasivos' de mensajes, mas no como 'interlocutores activos'.
Digamos para iniciar, que el papel de 'interlocutor' se consolida bajo dos condiciones básicas:
1ª. Que el sujeto haga parte de un proceso dialógico, es decir, proceso en el que se construyen relaciones de tú a tú. "El diálogo implica el maravilloso descubrimiento de que también hay otro, y requiere a la vez una medida común y una común diferencia (4).
2ª. Que el sujeto tenga la opción de enunciar sus posiciones interpretativas frente a los hechos discursivos que se le presenten, es decir, que ante la ambigüedad del discurso, ante la polifonía desatada por la frase más insignificante, se levante un sujeto interlocutor que 'tome la palabra', que 'acerque a su propio lenguaje' los hechos que generan ambigüedad, ambivalencia o contradicción, y que frente a ellos establezca significados y sentidos, es decir, asuma una actitud hermenéutica permanente.
Estas dos condiciones se resumen así:
La interlocución solo se construye a partir de actitudes y aptitudes pragmáticas de un emisor que pueda asumirse como potencial destinatario y que, a su vez, asuma a su destinatario como potencial emisor en el intercambio comunicacional.
Lo anterior significa, que en tanto el emisor no tenga una actitud predispuesta positivamente hacia la interlocución, no es posible pensar en acciones interaccionales en las que esté presente la acción del Otro, materializada en su 'intención comunicativa'.
Si analizamos con detenimiento las condiciones enunciadas previamente, observamos que esa función que Lyotard asevera que hoy llamamos 'Pragmática' y que gobierna desde todo punto de vista la formación de la figura del Otro, no es tenida en cuenta desde algunas instancias, cuya razón de ser depende de las relaciones comunicativas que establezca con los ciudadanos.
Instancias como la familiar, la escolar, la laboral y la que se refiere a los medios de comunicación masivos, tienen énfasis marcado en los mensajes y en el canal, mas no en el destinatario, en tanto que el interés radica en que este consuma 'pasivamente' la información que le llega. No hay un interés en crear verdaderos espacios para la interlocución, pues esta supone respuestas interpretativas de carácter crítico.
En el núcleo familiar interesa que el niño 'absorba' las normas y costumbres explicitadas en los discursos de la cotidianeidad. Gracias a las sugerencias de la Psicología moderna, los padres de hoy lo 'explican' todo a sus hijos, y esto les crea la ilusión de estar formando niños 'interlocutores', niños diferentes a los de las anteriores generaciones, pero el hecho de que los niños en su calidad de ciudadanos en potencia tengan padres que hablan más, podrá ser condición necesaria, mas no suficiente para que los niños asuman su papel de interlocutores a partir de las acciones de los adultos en tanto emisores-controladores de los actos comunicativos. Tal como lo afirma Lyotard, diremos entonces que al niño se le dirige la palabra -o se habla de él-, pero es interlocutor por el solo hecho de estar inmerso en una comunidad interlocutora. Otro problema consiste en que algunos padres, incluso, han pensado que la participación democrática en las decisiones del hogar, es el factor que favorece la actitud y aptitud crítica de los hijos. Pero, la realidad es que la generalidad de los jóvenes de hoy no son interlocutores: Ni encuentran de qué hablar, ni con quien hacerlo.
Desde la instancia escolar, los modernos enfoques pedagógicos propenden por un alumno activo, protagonista de sus propios logros así está consagrado en la Ley 115 de 1994 o Ley General de Educación-, pero la pregunta sería; ¿qué pasa realmente a la hora de evaluar? ¿Pueden ser los individuos verdaderos interlocutores críticos o acaso deben limitarse a consumir la información para luego ir a 'vomitarla' en los exámenes, tal como dice Estanislao Zuleta? Y, en consonancia con esto, aseveran Guattari y Giles Deleuze:
"La maestra de escuela no se informa cuando interroga a un alumno, como tampoco informa cuando enseña una regla de gramática o de cálculo. Ella enseña, da órdenes, manda" (5).
Nuestro sistema educativo le niega al Otro el derecho a ser interlocutor válido, y por tanto, crítico. El maestro pocas veces puede ser cuestionado por sus alumnos, él tiene la palabra de poder gracias al rol de emisor conferido por la institución escolar como superestructura de la base. Y no siempre está dispuesto a asumir al Otro como su interlocutor válido, es decir en una relación tú a tú (6). Muy poco cuenta la respuesta interpretativa del alumno y mucho menos si tal respuesta va más allá de los planteamientos del 'maestro'. Este prefiere en muchas oportunidades que el alumno solo consuma toda la información que le transmite. No obstante, podemos decir que esta situación ha ido transformándose pues se ha ido tomando relativa conciencia del problema. Sin embargo, todavía no se presenta en la Escuela, el accionar pedagógico como un proceso que propenda por el reconocimiento de la 'alteridad', materializado en el 'mundo de la vida' donde los agentes educativos son 'sujetos capaces de acción y de lenguaje', lo que posibilita el desarrollo humano desde sus cuatro dimensiones: aprender a conocer, aprender a ser, aprender a hacer, y aprender a vivir juntos.
Con respecto de las instancias familiar y educativa, Franz Kafka nos advierte lo siguiente:
"Cada uno de nosotros es un tipo particular y, precisamente por esta particularidad está destinado a proceder, siempre que se tome el gusto a la particularidad. Según mi experiencia, tanto en la escuela como en casa, se ocupaban, en cambio, de que nuestra particularidad desapareciera. Se facilitaba así la tarea del educador, pero también se facilitaba la vida del niño, el que, sin embargo, debía experimentar antes el dolor causado por la coerción" (7).
En cuanto a la instancia laboral, con mayor razón aseveramos que la palabra es poder. El jefe ordena, su palabra debe ser acción ejecutada, pues no habla a título personal, sino a título institucional (8), y como tales, las instituciones no mienten ni pueden ser cuestionadas. Por ello, las 'interacciones' laborales se explicitan en discursos que asumen la forma de frases simples: "¿Listo?", "sí", "ya", "en marcha", "vamos", "manos a la obra", y el proverbio calvinista que ha hecho carrera como principio en el sistema capitalista, "El tiempo es oro". Preguntamos, ¿Qué puede hacer el ciudadano trabajador con esta información? Solo consumirla, ejecutarla, obedecerla. Es muy poco el espacio para el encuentro con el Otro.
Finalmente, si tomamos a los Medios Masivos de Comunicación, tenemos que decir que, aunque paradójicamente asistimos a la era de todo tipo de avances tecnológicos, estos medios no están pensados para la interlocución -aun Internet donde existe la posibilidad del chat, o de remitir a los Medios mensajes para hacer disgresiones sobre el contenido, sin embargo existe el aislamiento que niega el calor de la cercanía del Otro-, sino para el consumo masivo de la información. En estos tiempos en que el neoliberalismo pisa fuerte, interesa que no solo un sujeto, sino miles y millones de sujetos, consuman la información. Todas las 'necesidades' del ciudadano son 'resueltas' y, por lo tanto, debe aferrarse a las alternativas que le ofrece la sociedad de consumo. El ciudadano debe consumir todo tipo de discursos periodísticos y propagandísticos, y a esto se añade el efecto provocado por lo que se ha dado en denominar civilización de la imagen que contamina y aliena mediante un bombardeo inclemente a los individuos.
Rodrigo Argüello (9) advierte que asistimos al irrumpimiento de la posmodernidad y esta, más que traer nuevos paradigmas, parece estar forjando con ímpetu una sociedad que es solo sociedad de los medios de comunicación de masas y que, por ende, parece obviar todo lo analítico y pausado. En este sentido Vélez Rivera (10) nos propone:
"Mi invitación es una y muy clara, no dejarnos tocar por el goce efímero de lo novedoso, no permitir que nuestra formación se convierta en cuadrícula que como pastillas efervescentes enviamos al abismo de un vaso de agua, evitar que por nuestros labios, en confusa imitación hablen o se maquillen las traducciones de hombres de ciencias y letras venidas de Europa en todo caso, a ser cuidadosos cuando enfrentemos el panorama discursivo postmoderno". Y más adelante agrega:
Mi invitación es a permanecer en un giro clásico de la Filosofía y sus implicaciones, para desde allí, desde ese faro luminoso del saber, ejercer la obligación de todo hombre de pensar: la activa interpretación de estos tiempos y de las décadas inmediatas por venir. Entiendo por giro clásico de la Filosofía, aquel lugar donde los textos y los hombres nunca han sido reyezuelos con reinados de rimbombancia y confetis, sino textos y hombres que invitan a pensar juiciosamente y con respeto a la certeza y al rigor de la verdad". La anterior invitación no nos puede sacar de la realidad que vivimos: el avance triunfal de la imagen. Pero, sí debe provocar en cada ciudadano acciones diferenciadoras, interpretativas y valorativas frente a esa cultura. Primero tenemos que aprender a diferenciar qué tipo de imagen tenemos frente a nosotros. Existen imágenes verbales que no lo son menos que las visuales. Imágenes mentales que surgen de nuestros discursos, e imágenes que alimentan nuestra fantasía o que son creadas por ella, y en ella se asocian. Todas estas pueden denominarse imágenes mentales en general y a ellas se contraponen las imágenes 'afectivas', que en realidad no son verdaderas imágenes, pues nada tienen que ver con lo que capta el 'ojo' mental del cerebro. Este último tipo de imagen capta completamente la atención, fascina, alucina, absorbe y pretende que nos entreguemos a ella totalmente, por lo que nos aparta de la realidad vivida y nos hace vivir meramente en el ámbito de la imagen en toda su plenitud.
Frente a la realidad de la irrupción de los medios masivos de comunicación, es preciso introyectarlos a nuestra sociedad, pero a partir de procesos de semiotización que involucren una sólida competencia pragmática del ciudadano-intelocutor para que estos medios puedan estar a nuestro servicio advertimos que esto es una utopía, por no decir 'mera ilusión', en esta era de la globalización de la economía- y no nosotros al servicio del andamiaje político que subyace en ellos.
Cuando Marín Barbero (11) anuncia que es preciso pensar la sociedad desde la comunicación, implica que debemos emprender acciones que nos posibiliten entender, a la manera habermasiana, que el mundo social, material y simbólico del hombre se estructura en el lenguaje y por el lenguaje. Y que, en consecuencia, la educación es un paradigma para ser leído e interpretado críticamente. No todo lo que está envuelto bajo el rótulo de 'comunicación' posibilita la interlocución. Barbero no solo habla de categorías "despotenciadas", como el melodrama, la aventura fácil, y otras, sino que ante todo invita a que se reconozca que la configuración de los estudios de la comunicación muestran cambios de fondo que tienen su explicación en un movimiento general de las Ciencias Sociales.
Todo lo anterior nos lleva a pensar que, tal como lo afirma Pécheux, la expresión: "Patrones y obreros no hablan la misma lengua", nos está mostrando que el diálogo como instancia que implica apertura y respeto para con el Otro, no se consolida en la dupla patrono-obrero - empleador-trabajador, como viene redenominado en el Código Sustantivo del Trabajo-, pues son las instancias de poder las que determinan las posibilidades de que se den las interacciones comunicativas en el marco de una verdadera interlocución, donde el "sujeto sea capaz de acción y de Lenguaje" (12). En este sentido, se puede decir lo mismo de las duplas padres-hijos, alumno-maestro, medios masivos de comunicación-ciudadanos, los cuales no hablan la misma 'lengua'. El diálogo permite el entendimiento humano, conservando las diferencias, pero respetando la dignidad de la persona.
Paradójicamente nos encontramos ante una proliferación de actos 'comunicativos' que son interaccionales, no propician la interlocución como actitud y aptitud pragmática de respeto y apertura que implica el reconocimiento del Otro como interlocutor válido. Aunque es necesario aclarar que éste es un derecho que no se concede, sino que hay que ganarlo, desde la racionalidad y desde el propio respeto hacia el o los posibles interlocutores con los que construye actos comunicativos. El derecho a la interlocución es solo materializado cuando se deja un margen de libertad al que escucha y entonces este como verdadero interlocutor, o interlocutor válido, está frente a una situación de elección, situación de libertad y, por lo tanto tiene todas las posibilidades de emplear ese don de la libertad que es la palabra misma, para interrogar e interrogarse.
En relación con el interlocutor, Ellul (13) afirma:
"También él tiene que hablar a su vez; es decir, asumir su libertad, tiene que comprometerse en el camino difícil de conocerse, expresarse, elegirse, exponerse, develarse".
En síntesis, el precepto constitucional que reza:
"Artículo 20. Se garantiza a toda persona la libertad de expresar y difundir su pensamiento y opiniones, la de informar y recibir información veraz e imparcial, y la de fundar medios masivos de comunicación. Estos son libres y tienen responsabilidad social. Se garantiza el derecho a la rectificación en condiciones de equidad. No habrá censura" (14).
Nos convoca a participar permanentemente en el acontecimiento más trascenedente del ser humano: la interlocución. Mas no de manera formal y simple, sino como verdadera posibilidad de construcción en las instancias familiar, escolar, social, para conformar una sociedad que posibilite el "mundo de la vida" que es en últimas donde se construye el "desarrollo humano", tal como lo plantea Habermas.
NOTAS:
1. Lyotard, Jean. (1994) Los Derechos del Otro. Actualidad Estética. Medellín: Universidad Nacional. 2. Gadamer, Hans-Georg. (1992:195) Verdad y Método II. Salamanca: Sígueme. 3. La condición de 'ciudadano' nos remite a pensar en un sujeto que se construye necesariamente a partir de interacciones de carácter empírico, matético y estético, dadas según determinados componentes ideológicos. Entendemos además con Trew (1983), que "las ideologías son conjuntos de ideas implicadas en el ordenamiento de la experiencia y que den sentido al mundo. Los sistemas de ideas que constituyen ideologías se expresan a través del Lenguaje". 4. Ellul, Jacques. (1983:27) La Palabra humillada. Traducción de Vicente Sánchez. Madrid: General Tabanera. 5. Deleuze, Giles y Félix Guattari. (1982) Noviembre 20 de 1993: Postulados de la Lingüística. En: Revista de la Facultad de Ciencias Humanas. Medellín: Universidad Nacional de Colombia. Vol. 2, Julio. 6. Recordemos que la enseñanza de Sócrates está basada en lo dialógico, y en una construcción de esta naturaleza cada interlocutor ayuda al otro a encontrarse y a nacer. Para Kierkegaard, Maestro y Discípulo buscan juntos la verdad. Disputan, pero para entenderse. En este proceso no tiene cabida el 'monólogo egocéntrico' del sabio que no escucha al otro y que, por lo tanto, se incapacita para construir a partir de esa interacción nuevos conocimientos. 7. Kafka, Franz. (1994: 12-13) Fragmentos de cuadernos y hojas sueltas. En Dominical de El Colombiano. Medellín. Domingo 19 de Junio. 8. Searle hace alusión a lo que él denomina "hechos institucionales", lo cual presupone la existencia de ciertas instituciones humanas regidas por sistemas de reglas constitutivas. Así, entonces, todo hecho institucional tiene como base un acto de la forma, X cuenta como Y en el contexto C. 9. Argüello, Rodrigo. La Muerte del Relato Metafísico. Editorial Publitech. Fotocopias. 10. Vélez Rivera, Ramiro. (1993:8) ¿Y qué es eso de la posmodernidad? Invitación a un giro clásico. Dominical de El Colombiano. Medellín. Domingo 8 de agosto. 11. Barbero, Martín. (1991) Pensar la sociedad desde la Comunicación. Seminario sobre "Comunicación y Ciencias Sociales en América Latina" FELAFACS. Bogotá. Octubre. 12. Habermas, Jürgen. (1992) Teoría de la Acción Comunicativa I. Barcelona: Taurus. Humanidades. 13. Ellul, Jacques. (1983:36) Op. Cit. 14. Constitución política de Colombia. Asamblea Nacional constituyente. Santafé de Bogotá.1991.
BIBLIOGRAFÍA:
--Argüello, Rodrigo. La Muerte del Relato Metafísico. Editorial Publitech. Fotocopias ..Barbero, Martín. (1991) Pensar la sociedad desde la Comunicación. Seminario sobre "Comunicación y Ciencias Sociales en América Latina" FELAFACS. Bogotá. Octubre. --Constitución política de Colombia. Asamblea Nacional constituyente. Santafé de Bogotá.1991. --Deleuze, Giles y Félix Guattari. (1982) Noviembre 20 de 1993: Postulados de la Lingüística. En: Revista de la Facultad de Ciencias Humanas. Medellín: Universidad Nacional de Colombia. Vol. 2, Julio. --Ellul, Jacques. (1983:27) La Palabra humillada. Traducción Vicente Sánchez. Madrid: General Tabanera. Ediciones SM. --Gadamer, Hans-Georg. (1992:195) Verdad y Método II. Salamanca: Sígueme. --Kafka, Franz. (1994: 12-13) Fragmentos de cuadernos y hojas sueltas. En Dominical de El Colombiano. Medellín. Domingo 19 de Junio. --Habermas, Jürgen. (1992) Teoría de la Acción Comunicativa I. Barcelona: Taurus. Humanidades. --Lyotard, Jean. (1994) Los Derechos del Otro. Actualidad Estética. Medellín: Universidad Nacional. --Searle, John. (1980) Actos de Habla. Ensayo de Filosofía del Lenguaje. Madrid: Cátedra. --Trew, Tony. (1983: 127-158) Teoría e ideología en acción. Lenguaje y Control. México: Fondo de Cultura Económica. --Vélez Rivera, Ramiro. (1993:8) ¿Y qué es eso de la posmodernidad? Invitación a un giro clásico. Dominical de El Colombiano. Medellín. Domingo 8 de agosto. ___________________________________
© Luz Janeth Ospina Jesús Correa Páez
LA CASA DE ASTERIÓN ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios Volumen I - Número 3 Octubre-Noviembre-Diciembre de 2000
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE DUCACIÓN DEPARTAMENTO DE IDIOMAS BARRANQUILLA - COLOMBIA
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