Carta de Beatriz a Dante
Lauren Mendinueta
(En un día imposible de precisar)
Por voluntad divina Nos une la memoria. La sombra de tu cercano tormento Se mezcla con la mía Blandamente como si entrara al paraíso. ¡Agonía Emerges desde el fondo de los siglos! Si pudiera lanzaría tu nombre A los brazos infinitos de la noche. Libre Sería un ave no tocada por el cielo. Espigada sombra Fulguras desterrada. Cuando retornes al paraíso Será mi rostro Una visión con velas Encendida en desolación. Será mi cuerpo Un traje rumoroso En los huesos lucientes. ¿Qué fatalidad Encadena el alma Con las ilusiones fallidas? Es bueno guardar silencio Cuando se ha visto al fuego Caer del cielo.
Boceto de autorretrato
Insisto en no esquivar nada Vivir es participar ¿Acaso no es más sensato elegir entre lo conocido? Me opongo a la servidumbre ¿Lo he logrado? Sometida a otra esclavitud Soy verdugo y víctima Lo acepto Lo prefiero Reconozco la grandeza del héroe ¡Oh gloria! ¡Oh victoria! ¡Oh desdichado! La moneda que llevo en la mano Es un espejo pequeño Verme ignorando mi reverso Agujero de sombra La cara de la moneda es hermosa Su perfil de rayo Su reverso feo Formarme como una obra de mi propia mano No es fácil Si renuncio a esa otra parte de mí Si la desecho para hacer triunfar la belleza Entonces tendría que renunciar a mí misma Me sorprendo ¿No es esta también una moral? Renuncio a ser Sólo lo que no es Se construye Hoy la infancia es un estremecimiento "todo se ha consumado" En el tiempo La moneda no permanecerá Los espejos no guardan la esencia Única parte inamovible Espantado del miedo de la memoria Hay demasiados caminos para un mismo rostro Mis palabras Ojo de aguja O clavo de ausencia Vagan por las calles de la ciudad colmada ¿Es inútil este boceto? Prematuro suplicio De la imagen propia
Borrador de poema
(De Robert Browning a Elizabeth Barret)
Porque naces de mí Eres mi poema. Mi cuerpo Con la fuerza del viento Se enreda en la tierra Como el polvo de tus huesos. Puedo mirarte en la violeta Tú no lo sabes Lo sientes Sin saber que eres tú. Flor silvestre de Inglaterra Tus raíces sobre mí. Puedo tocarte Porque se me antoja tu existencia Ofrenda para el amor. Ancho Hondo Profundo Tu deseo de pájaro No es vuelo. Todos los poetas florecen en la muerte. Estas hecha de mí Y mi voz es casi un remordimiento En las verdes campiñas. Serenamente estremecida Despojada del tiempo Y huérfana de letras Tu poesía Reconstruye el cielo.
Autobiografía ampliada
Después del nacimiento Fui llamada al final de la tierra Donde construí una prisión Abierta al denso cielo.
Crecía Crecía y el signo era un gran cuerpo oscuro. Los barrotes gemían la corrupción del hierro. Las ranas como centellas ardientes Se fecundaban.
Ahora estoy Todavía conmigo Sobre el lomo de un caballo Que no existió Y sin embargo mañana fingirá reconocerme.
Vuelvo al mundo Con la memoria ensangrentada. Expulsada de mí misma Entro al mundo Sin buscar explicaciones O pruebas.
Mañana Frente al abismo Observo la caída de mi cuerpo.
Página del diario de Constantino XI
(Constantinopla, Mayo 29 de 1453)
Bandera de carne a la altura de los buitres. No he querido arrancar la guerra o Marchitar el grito desgarrado de un pueblo Que bulle confuso. Escucho el canto que se escapa De los calabozos Y reconozco en él El objeto más concreto de la lucha. Siempre Un altar infranqueable sobre el Egeo Reclama sangre. ¡Venganza! ¡Muerte! ¡Expulsión! ¡Oh desolado! Hay un foso destructor En el revés De las palabras.
Autodaguerrotipo
Una mujer Trata de anular las imágenes que emite. Las manos Sobre la rodilla derecha para ocultar El vacío aliento de la juventud. Inclinada ligeramente hacia cualquier lado Una sonrisa falsa pero hermosa. Callada se pregunta Cómo demostrar que su cuerpo No piensa en la muerte. Y trata de no borrar el gesto. Sin saber Sus ojos son ausencia Y la ausencia dibuja en la historia Una gran espiral. Más tarde observa en el papel La luz adentro El mundo adentro Ella y su sombra Afuera.
Carta de Alejandro a Aristóteles
(20 de septiembre de 336 a de J.C.)
A veces pude llamarte Maestro. Olías a barro sudoroso Aquellas tardes ennoblecidas Por el humo del sacrificio. Te pregunté por el destino Y tus ojos chocaron Saltando chispas. Mi mente debe ser Una gran hoguera. Filipo el desgraciado me dijo: "busca hijo mío un reino igual a ti porque en Macedonia no cabes". Yo te digo a ti Oh sabio Un discurso no vale más que una razón. Ya ves en cambio Cien ciudades siempre valdrán Más que una. ¿No reconforta la nueva máscara de estagira la fijeza de tus días? Cometes imprudencia irreparable A mis ojos Impartiendo conocimiento Como se reparte lanza. ¿De quién me diferencio ahora? Si antes abracé el conocimiento con fervor Ahora abrazo la batalla. No volverán los días Cuando tu mano era propicia Como al luto el silencio.
Nueva York, Abril 14 de 1977
(Página del diario de Adrianne Rich)
Primavera Rutina de los años. Un día más contra la pared. ¿Puedo interrumpir este suicidio indefinido? Escribo Una pequeña boca Desea mis pezones. ¿Cómo sobrevivir a una pequeña aún más joven Sobre el viejo mundo Alimentándola de muerte? Temo no existir ahora. Ojalá me aguante la vida Lo necesario Para no dejar El lápiz seco Y el cerebro abrumado de frutos. La pequeña Tira de una cuerda y pende de las ganas. El mundo es angosto Esa es mi elección. Acostada El hielo me traspasa. Abro los ojos Ya te has ido. Te he liberado de un golpe. El alma se me desmigaja. Preferí nacer.
Poema auto-referencial
La que sin ser yo No es otra La de tirantes dedos para acariciar El espino Escribe Pocos años Pocas horas No menos de mil No más de mil Recoge La herida de la tierra amarga Para protegerse De la orgullosa espesura Sostenida por siete pájaros azules Su soledad No derrama pájaros Árboles con amplias miradas Antigua huella de adioses Guardaron para ella la señal Y las flores Grandes triunfadoras Le cortaron es suspiro inocente Joven aún No la conozco Ella y yo Dos manos de trazo libre Para esquivar la espera Dos pies en forma de pies Para marchar al combate Dos ojos Que siempre miran recuerdos Diosa y mujer Nosotras
Poema de amor Para Jorge Luis Borges
Me pesan El bullicio y la injusticia La marea turbia Y el olor de un atardecer marino Que no he de presenciar Las largas despedidas Y los encuentros fugaces Algunas palabras Y los silencios forzados por la distancia La noche despoblada de ti Que avanza indiferente Hacia el abismo del día Las letras que componen tu nombre Inmensa pieza del universo que todo lo encierra La cifra que define tu número El género que marca tu cuerpo El tiempo indefinido de tu existencia.
Variaciones Para la sombra de Octavio Paz
El cuchillo que rasga la luz La silueta sobre el papel El rastro terco Que jamás se aleja de la indecisa forma La presencia infinita Que es también la nada En el camino La mejor parte de un árbol El encanto del íntimo rincón La red que se teje al otro lado de las cosas Y en cuya presencia reconocemos Existen La escultura desprendida del cuerpo Voluble y dócil La noche despojada de sus luceros La marca inconstante en el reloj de sol Los últimos ojos de Borges Y su primera visión del paraíso La segunda opción para un hombre Que inicia la vida Y sólo tiene una alternativa Ante los otros
Postal (Enviada por Franz Kafka a Felice Bauer, desde el sanatorio naturista de Jungborn, Noviembre 1 de 1912)
El aire tiene aquí Ese olor que tú conoces. Un olor distinto a mí Fuerte Como bálsamo de bestia. Este es el lugar Yo estoy aquí Y lo soporto oscuramente. Las horas se derriten Mirando tu fotografía. Circula tu imagen Golpeando en la cabeza Con su nota sorda. Aquí igual que siempre Reniego de la apariencia. Hay una verdad en este lugar Intuida Y sostenida por mi cuerpo: Cuando está cerca el amor La vida huye. __________________________________
© Lauren Mendinueta
LA CASA DE ASTERIÓN ISSN: 0124 - 9282
REVISTA DE ESTUDIOS LITERARIOS Volumen I - Número 3 Octubre-Noviembre-Diciembre de 2000
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA ISSN: 0124 - 9290
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO BARRANQUILLA - COLOMBIA
El URL de este documento es: http://lacasadeasterion.homestead.com/v1n3mendi.html |