Jorge Artel
y la fuentes musicales de su poesía
Manuel Guillermo Ortega
(Guillermo Tedio)
Universidad del Atlántico
(Parte de un trabajo más extenso
sobre la poesía de Jorge Artel)
Introducción
Jorge Artel o, mejor, Agapito de Arco, que era su nombre de pila, nace en Cartagena el 27 de Abril de 1909. En 1930 viaja a Bogotá, a los 21 años. Tambores en la noche, su primer libro, contiene poemas escritos entre 1931 y 1934. El libro aparece publicado en 1940, por la Universidad de Cartagena. La segunda edición es realizada en México en 1955, por la Universidad de Guanajuato.
Artel hace parte del grupo de poetas que cultivan la temática negra como el cubano Nicolás Guillén, los colombianos Helcías Martán Góngora y Candelario Obeso, Manuel del Cabral, Langston Hughes y el puertorriqueño blanco Luis Palés Matos, entre otros.
Artel expresa influencias del Tuerto López, César Vallejo y Neruda. Consideraba que León de Greiff era el poeta más grande de Colombia y el Tuerto López el más grande y original poeta costeño.
Vivió seis años en Nueva York, siendo traductor de Reader's Digest. Vivió igualmente en México, donde escribió guiones para cine. También residió en Panamá.
Se consideraba poeta por provenir de dos razas musicales (india y negra) y nacer frente al mar. Lo criaron unas tías. Tambores en la noche es su biblia estética. El poema que más le gustaba era "Velorio del boga adolescente", aunque los lectores prefieren "La cumbia".
La poesía de Artel acusa de verdad un tono exclamativo y declamatorio, es decir, no resiste la lectura silenciosa que exige, para algunos, la poesía contemporánea. Esto indicaría que su poesía se toca mucho con influencias modernistas, rechazando el postmodernismo del Tuerto López y de algún modo el vanguardismo de Suenan Timbres, de Luis Vidales.
Como dice Joaquín Matos Omar, hay en Artel, cierto aspaviento sentimental, cierta verbosidad y estridencia prosódica. En su vocabulario, hallamos un léxico anticuado, modernista: broncínea, multípara, multinávera, léxico que ya para 1940 resulta desfasado.
Tópicos y motivos
La poesía de Artel toca las temáticas de lo negroide, lo marino y lo socio-político, lo que nos lleva a pensar que debía buscar una conciencia de la raza, una conciencia de la naturaleza marina y portuaria en que vivió y una conciencia de clase. Y estas tres conciencias, de algún modo, solo podían manifestarse en su poesía si alcanzaba la plenitud de una conciencia artística y estética.
Los temas y sentimientos de la primera vertiente, la negroide, le venían de un padre negro y de una madre indígena, así que se sentía miembro del indio-mulataje.
El lado marino y portuario le provenía de haber nacido en Cartagena y de sus viajes. Desde pequeño se comunicó con el mundo de los marineros y los viajes, y con el perfil de las proas y los mástiles.
Y finalmente, su posición de militante político y su extracción de clase lo llevaron a ubicarse del lado de las luchas populares.
Se pregunta uno si esas tres manifestaciones de conciencia fueron asumidas plenamente y si alcanzaron una cabal realización de expresión artística.
El canto y la danza
Artel es un poeta que canta. Muchos de sus poemas llevan en sus títulos el lexema canción : "Canción de los matices íntimos", "Canción en el extremo de un retorno", "Canción para un ayer definitivo", "Breve canción para Zoila".
Igualmente, muchos poemas expresan en sus títulos la idea de baile o danza : "¡Danza, mulata ! , "La cumbia", "Dancing", "Bullerengue"...
Estudiar la idea del canto y la danza en Artel es básico para entender el sentido de su poesía y la estructura de su estilística. Por supuesto, el planteamiento de concebirse el poeta como cantor y músico pertenece a una tradición que se pierde en el origen de la cultura. Recordemos a los rapsodas que en la Grecia antigua iban de aldea en aldea, cantando fragmentos de poemas épicos. Homero mismo invoca al comienzo de La iliada esta facultad de las musas : "Canta, oh diosa, la furia del pelida Aquiles...".
Pero en Artel, la consideración de sentirse cantor no viene de la tradición de los juglares medievales ni de los rapsodas antiguos sino de la presencia del tambor en las culturas africanas. Precisamente su primer libro se llama Tambores en la noche.
En el poema inicial, que le da título al volumen, los tambores son completamente humanizados, convirtiéndose en símbolos del poeta. El poeta resulta entonces un tambor que resuena. En este poema, los tambores siguen nuestros pasos, suenan como fatigados, son como un grito humano, gimen trémulos, son misteriosos, hablan :
"¡Y en su voz una llamada/ tan honda, tan fuerte y clara,/ que parece como si fueran sonándonos en el elma !" (TN : 27-28).
En "¡Danza, mulata !": "canta/ en el tambor de los abuelos/ el son languidecente de la raza" (TN : 36).
El sonido del tambor cumple una función de convocatoria, de invocación para el rito, la guerra, la amistad, la fiesta, la celebración...). El tamborero criollo, nieto de bongoceros africanos, en una especie de magia homeopática, como la concibe Frazer, hace presente la selva con sus jabalíes, elefantes, hipopótamos, cocodrilos y guerreros.
En el poema "Dancing", parece haber una irrupción de Africa, de la selva, en el salón de música, cuando los intérpretes negros echan a tocar los timbales, tambores, maracas, marimbas y trombones en una sesión de jazz-band (TN : 48).
Era básica la función del tamborero en Africa, de allí que si daba una nota falsa, le cortaban las manos. Los tambores cumplían así un oficio litúrgico : hacían parte del ritual mágico de la convocatoria.
El segundo instrumento de que se habla en orden de importancia en la poesía de Artel, es la gaita. Igual que el tambor, está metida en el alma del poeta. "Cada cual lleva su gaita/ en los repliegues del alma" (TN : 41).
Según Artel, la gaita expresa cabalmente la tristeza y el modo de ser de la raza negra. Su inclinación por ella lo lleva a rechazar inicialmente a la guitarra, cuya música sería manifestación simbólica de la cultura europea, de la raza blanca. Dice en uno de sus poemas : "Compadre José Morillo,/ no toque más su guitarra :/ oigamos mejor las gaitas/ que suenan dentro del alma" (TN : 41).
Las gaitas también eran instrumentos musicales de los abuelos africanos, de ahí que como los tambores, expresen presencias ancestrales.
Dice Artel : "Y aquellos que no comprenden/ la voz que suena en sus almas/ y apagan sus propios ecos/ con las músicas extrañas,/ que se sienten en la tierra/ para que escuchen lo dulce/ que han de sonar sus gaitas" (TN : 42).
Obsérvese que los sonidos de la guitarra son concebidos como "músicas extrañas". Sin embargo, posteriormente, el poeta cambia de actitud y acepta este instrumento : "y mi guitarra porteña/ tiene la misma alegría" (TN : 85), lo que ilustraría en Artel una actitud más ecuménica frente a la cultura, abandonando cierto chauvinismo de raza para admitir que el problema no es de color sino de raíces más profundas y ancladas en lo socio-económico.
Hay incluso un poema titulado "Guitarra", en donde, ya admitido en su poesía este instrumento musical, dice : "Porque en las fiebres de tu seno vibra/ una eterna emoción de madrugada" (AP : 79). Y luego : "Quién, si no yo, comprenderá el lenguaje/ que tienen tus notas junto al faro,/ o en la orilla del puerto en alta hora,/ cuando el silencio alarga sus voces en la tierra" (AP : 81).
El poeta blanco puertorriqueño pero que cultivó la poesía negrista, Luis Palés Matos, dice que a Artel "lo salva el instinto musical y poético que le brota de las cálidas líneas de su sangre. Lo ha salvado la mano larga de Africa, cargada de nidos, de pájaros y canciones..." (TN : 13).
Otros instrumentos musicales a los que se alude en la poesía de Artel son la flauta, la marimba, el timbal, el acordeón. "Mr. Davi era negro/ y había nacido en tierras muy lejanas tal vez.../ Lo conocí en el puerto :/ llegó con su tristeza/ y su acordeón" (TN : 43).
En "Bullerengue", el negro enamorado quisiera ser tambor, maraca, gaita, tamborito con el fin de sonar solo para su mujer negra : "Si yo fuera tambó,/ mi negra,/ sonara na ma pa ti,/ pa ti, mi negra, pa ti./ Si maraca fuera yo,/ sonara solo pa ti/ pa ti maraca y tambó,/ pa ti, mi negra, pa ti" (TN : 39).
En este poema, por cierto, hay un ritmo monosilábico, como el golpe del tambor, que para Artel, es monorrítmico. Tal vez busque un acercamiento acentual con las lenguas africanas.
Por otro lado, la conciencia del ritmo sacrifica la grafía normal de las palabras, cayéndose en ese pintoresquismo fónico del que a decir verdad, Artel no abusó pues no hallamos en él las rechinantes jitanjáforas. Recuérdese aquel poema de Candelario Obeso : "¡Qué trijte que ejta la noche./ La noche que trijte etá./ No hay en er el cielo una ejtreya.../ remá, remá".
Esta escritura fonetizada provenía del provincialismo literario que francamente, constituyó una necedad estilística, una barrera para la lectura. Normalmente los que empleaban este recurso de escritura costumbrista, ponían en boca del negro o del campesino una pronunciación pintoresca e incomoda.
El poema "Bullerengue" nos recuerda aquel famoso poema de Nicolás Guillén : "No sé por qué piensas tú, soldado, que te odio yo..." Es la misma medida rítmica inspirada en el son cubano, forma de música popular, producto artístico del mestizaje.
Voz y movimiento
El sentido rítmico y musical de la poesía de Artel, sobre todo en los poemas de Tambores en la noche, surge también del compás de los movimientos del cuerpo, del ruido de los objetos y utensilios de trabajo y de la voz de sus ejecutores.
El boga o canoero canta mientras rema acompasadamente con su canalete. La negra canta mientras con movimientos medidos pila el grano.
Dice Artel : "Al son de viejos pilones/ chisporroteados de cantos/ meces tu talle de bronce/ sobre el afán inclinado" (TN : 38).
"Yo voy por el alto Congo.../ Un grito unánime junta/ ritmo, golpe, canto y remo./ Uno solo".
También : "El negro vive su vida :/ Pesca. Sufre. Canta (TN : 123).
No se olvide que el ritmo es la proporción entre tiempos, movimientos y sonidos. Dice el poeta : "Dame tu ritmo, negra [...]/". "Pones música al trabajo/ para burlarte del sol".
La cumbia
Como ya anoté, la música va regularmente incorporada a la danza, al baile. Surge entonces la cumbia :
"Mis abuelos bailaron la música sensual... (TN : 32). "La apretada hoguera/ de las sensuales danzas".
Aparece la cumbia concebida como el "ritmo epiléptico y frenético del mulataje". Igualmente : "El anillo apretado/ es un carrusel de carne y hueso,/ confuso de gritos ebrios/ y sudor de marineros,/ de mujeres que saben a tibia brea del puerto" /TN : 30).
Hay que moverse ebrios al compás de la música bruja. Es necesario que a la música y a la danza esté ligada la ebriedad, no tanto en el sentido de borrachera sino en el de estar poseído con vehemencia por una pasión.
De allí que el poeta insista mucho en "sones ebrios". Dice : "Una estrofa negra/ borracha de estrofas vagabundas/ y golpes dementes de tambor" (TN : 110). "Por la boca de los negros/ principia a trotar la canción" (TN : 108).
Artel no es un poeta que sangra o llora por la herida, no ; Artel canta por la herida. Cuando dice : "Anclados a su dolor anciano,/ iban cantando por la herida...", quiere expresar que sus abuelos, los negros que vinieron como esclavos de Africa, conjuraban el sufrimiento con el canto, actitud que ha heredado el nieto poeta.
Para concluir, diremos que a Artel la actitud del canto le viene de la raza : "desde mi lado de negro/ --que es el lado que en mí canta--" (TN : 159).
Por supuesto, esta concepción del poema como canto va a tener sus decisivas repercusiones en la estilística de Artel. El tambor y la gaita suenan para ser escuchados. Del mismo modo, la poesía de Artel se escribe para ser leída en voz alta, para ser exclamada, lo que conduce quizás el lenguaje a una retórica autorrefleja, a cierta fonética altisonante.
Bibliografía:
ARTEL, Jorge. Poemas con botas y banderas. Barranquilla : Ediciones Universidad del Atlántico, 1972.
---------------Tambores en la noche. Bogotá, Plaza y Janés, 1986.
---------------Antología Poética. Bogotá, Ecoe Ediciones, 1979.
---------------Antología Poética. Medellín, Universidad de Antioquia, 1986.
AUGIER, Ángel. “La revolución cubana en la poesía de Nicolás Guillén”. En: Revista Unión, Nos. 3-4. La Habana, 1973.
MERCADO, Jaime. “El hombre se ennoblece cuando se acerca a la literatura” (entrevista a Jorge Artel). En: El Colombiano. Medellín, 27 de noviembre de 1994.
MATOS, Omar. “Las flaquezas de un poeta nacional”. En: Boletín Cultural y Bibliográfico del Banco de la República, No. 11. Bogotá, 1987.
PRESCOTT, Lawrence. “Del postmodernismo al vanguardismo: Una primera etapa en la poesía de Jorge Artel”. En: Ficciones y realidades. Bogotá, Tercer Mundo, 1989.
SMART, Ian I. “La mulatez y la imagen de la nueva mujer negra en la poesía de Nicolás Guillén”. En: Revista Unión No. 4. La Habana, 1986.
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© Manuel Guillermo Ortega
(Guillermo Tedio)
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124-9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen I - Número 4
Enero-Febrero-Marzo 2001
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
BARRANQUILLA COLOMBIA
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