Voces
del Grupo de Miami

Ligia Sierra Aldana
Litera78@aol.com

Ponencia presentada en el XI Congreso de Colombianistas
Popayán, Colombia, 11 de agosto de 2000.

En este artículo no incluyo el trabajo de Luis Miranda, miembro igualmente prominente de este grupo literario.
Los comentarios sobre sus textos se quedan en el tintero para la próxima. Me concentro arbitrariamente
en esta ocasión en el trabajo de Rafael Vega, Jaime Cabrera, Freda Mosquera, Luz Macías y Juan Pablo Salas.

No hay mucho o nada de nuevo en el hecho de que exista un número significativo de escritores colombianos en el exterior. Sin embargo, un grupo de escritoras y escritores están, en este momento, estableciéndose dentro del ámbito literario miamiense y llaman particular atención. Forman parte del éxodo más reciente de emigrantes hacia Estados Unidos y su ubicación en Miami nos invita a comparar sus acercamientos literarios a la actual situación colombiana.

El Grupo del sur de la Florida puede ser denominado como tal a pesar de su heterogeneidad estética y temática. El común denominador de  este grupo de autores viene a ser el tratamiento particular del concepto de nacionalidad y colombianidad. Además, hay en los textos de estos autores, una aceptación de una condición de exilio que había sido, hasta ahora, rechazada de forma muy concreta por los inmigrantes colombianos de todos los oficios. Aún más, hay un deseo explícito por parte de estos escritores y escritoras de moverse dentro de una condición bicultural y bilingüe hasta llegar a escribir en inglés y en español simultáneamente como ya lo hace Luz Macías, una de las integrantes del grupo.

Por otro lado, los textos del grupo presentan un claro esfuerzo por proyectar una resolución alternativa a nivel textual, una forma de solucionar conflictos y de narrar, ya sea en ausencia o presencia, la violencia vivida directa o indirectamente por algunos de ellos. Elementos de género sexual y sexualidad entran también a jugar un papel clave en estos procesos de análisis y en la formulación de tácticas de intervención que denuncian el deteriorado  proyecto nacional colombiano y lo formulan como inconcluso e imposible de sostener. Tales premisas sirven de trasfondo a  todos los textos recientemente publicados por estos escritores.

Primero que todo, ¿por qué agrupar estos escritores? Es un hecho que el acto de definir grupos literarios tiene un carácter utilitario. El establecer un grupo dado facilita, ciertamente, la identificación de determinados elementos estéticos, temáticos e ideológicos en la narrativa de sus miembros. Por tanto, se establece cierta uniformidad que viene a ser funcional. Sin embargo, el criterio o criterios que he seguido para definir los siguientes escritores como grupo literario provienen de la inquietud de los escritores mismos por agruparse. Hay una conciencia común que viene, por una parte, de un factor generacional. Todos, Freda Mosquera, Luz Macías, Juan Pablo Salas, Luis Miranda y Jaime Cabrera, a excepción de Rafael Vega, llegaron a Estados Unidos en los últimos diez años.  Todos, a excepción de Freda Mosquera, quien llegó al sur de la Florida desde su emigración de Colombia, llegaron a Miami vía otros países u otros estados de los Estados Unidos. Jaime Cabrera vivió un tiempo en Israel y luego se vino a Miami. Rafael Vega salió de Colombia para Canadá y terminó en Miami después de un corto regreso a Colombia. Luz Macías y Luis Miranda residieron en el norte de los Estados Unidos antes de mudarse al sur de la Florida. Todos publicaron sus primeros textos en el sur de la Florida, a pesar de que la mayoría de los cuentos de algunos de ellos fueron escritos y/o situados originalmente en Colombia.

Además de estas circunstancias personales, estas escritoras y escritores se encontraron en el sur de la Florida en diferentes momentos, trayendo con ellos a los otros a las reuniones y encuentros que constantemente llevan a cabo. Freda Mosquera mantiene un Círculo de Lectura Hispana gratuito y abierto en la librería Barnes and Noble de Ft. Lauderdale, produce un segmento cultural en Radio Caracol y escribe ensayos y reseñas para diversas revistas tanto virtuales como reales.  Igualmente, Juan Pablo Salas mantiene otro círculo de lectura en Barnes & Noble en el sur de Miami. Luz Macías acaba de sacar el primer ejemplar de su revista bilingüe La casa del hada [1] y de constituir  la tertulia "La cueva de la síbila" en Miami Beach.

También es importante subrayar el intercambio que existe entre estos escritores y escritoras en reuniones, tertulias y talleres durante los cuales leen y discuten sus textos y proyectos. Hay una sostenida colaboración entre estos autores a pesar de la heterogeneidad que los separa y de la que son conscientes. La actitud que reina es la de trascender individualismos y patrones literarios establecidos y de trascender, así mismo, las diferencias que manifiesta cada uno como forma de "performing" tolerancia y evitar actos exclusionarios.

El cuento ha sido el género preferido de todos estos escritores, con excepción de Rafael Vega, quien es el único de los miembros de este grupo que ha publicado una novela, Río Abajo [2]. La preferencia por este género literario tiene que ver con  la tradicional accesibilidad a publicación, como también con la relación entre literatura y periodismo que se extiende desde los comienzos de la tradición literaria colombiana y latinoamericana en general. Rafael Vega y su novela antes mencionada, Río Abajo, sin duda marcan un punto de partida dentro de la narrativa del grupo. Vega escoge contar el período de La Violencia y las repercusiones de la misma en la costa. La novela fue escrita en Colombia hace algunos años, pero Vega decide que los sucesos narrados de manera testimonial de boca de un niño tienen vigencia suficiente para traer a relucir la actualidad del problema de la violencia en Colombia en donde, "el caos y la violencia habían llevado las cosas a una situación sin nombre" [3]. El tono denunciatorio de la novela es sostenido a través de ella aunque enmascarado bajo un aparente folklorismo. La oralidad del texto trivializa, a la vez que subraya, la problemática estancia mamagallista y machista que permea la vida de los habitantes de Purgatorio, pueblo costeño donde está situada la novela. Río Abajo es una historia que invita a la lectura, pero que, examinada dentro de la narrativa del grupo, emana el regionalismo y las fórmulas novelísticas del boom y particularmente garcíamarquianas: los personajes son arquetípicos y vienen a representar actitudes  e ideologías generacionales,  muy ligadas a elementos históricos, pues es claro que la re-escritura y re-interpretación de la historia oficial viene a ser el objetivo de la novela. Y es precisamente, lo "tradicional" de este texto lo que marca el aspecto generacional tan profundamente. Hay una perspectiva innegable del escritor que mira hacia dentro de la nación, que objetiviza su lugar de nacimiento con la intención de contar para contarse y para contar una realidad nacional vivida. Sin embargo, es una mirada que proyecta más una ruptura de lo nacional que continuidad. Vega relata sobre dos naciones. Es una visión de centro y periferia y una visión que resalta la invasión de la violencia a lo largo del Magdalena. La violencia viene del interior. La guerra es en el interior. La costa es el otro país, la otra nación dentro de la nación que sufre las consecuencias de los juegos políticos de los "cachacos". Es ciertamente una visión unilateral de las enfermedades del cuerpo político colombiano. Y es también una realidad que marca una relación innegable entre las ideologías masculinistas dominantes y la penetración del espacio nacional, una dinámica que el texto encubre a través de su oralidad y costumbrismo.

Jaime Cabrera, arquitecto y periodista, ya proyecta en su colección de cuentos Como si nada pasara [4] una visión que comienza a desestabilizar la fuerza simbólica de la nación. Cabrera no desterritorializa sus relatos. De hecho, el banco de su ficción es aún Colombia y sus memorias de familia. Sin embargo, el tratamiento de la fábula familiar mediante técnicas de la novela del lenguaje para llevar "éste último a sus últimas consecuencias" [5] produce un efecto de desplazamiento. El cuento que le da el nombre a la colección, relata un secuestro, realidad común para muchos en este momento histórico colombiano, pero el texto guía al lector a un examen  más profundo de un momento de crisis personal en el que el protagonista entra en la vagancia y rehusa seguir actuando su papel de ciudadano responsable y productivo y pasa a cuestionar su alrededor: "¿Es ésta tu ciudad, sus calles desiertas, el sueño profundo de sus habitantes, el murmullo de su vegetación, los espacios inventados por urbanizadores alucinados, los lotes baldíos, las fachadas lavadas? ¿Perteneces tú, a todo esto que pasa y aborreces?" [6]. En medio de una situación llena de horror y la posibilidad de morir, el protagonista ve más allá de su realidad inmediata e identifica un ámbito que ha dejado de ser suyo. Un espacio alienante.  El cuento también evoca los efectos de la Guerra Sucia en Argentina y la generalizada internalización de un status de víctima que llevó a muchos a ignorar la violencia reinante y a una desensitivización a la misma.

Con Freda Mosquera y sus Cuentos de seda y sangre [7] ya hay un movimiento entre parámetros nacionales reconocibles y una realidad extranjera. La mayoría de los cuentos fueron escritos en Colombia y publicados en diferentes revistas y periódicos. Algunos de ellos ya están situados en el sur de la Florida y presentan la problemática ambigüedad del status de inmigrante y exiliado. Los sueños, el material de trabajo de Mosquera a nivel de contenido no de interpretación, sirven de vehículo de expresión para proyectar los mecanismos de negociación que las protagonistas de estos cuentos utilizan en un esfuerzo por explicar su relación con el ámbito que las rodea.

La fábula familiar queda circunscrita y revisada dentro del primer cuento de la colección, "La creación del hombre", en el que Mosquera lleva el mito fundacional precolombino de Bachué a sus últimas consecuencias, y hace explícito lo que siempre se ha tratado de soslayo: el incesto entre Bachué y su hijo como generador de la raza humana. Una vez constatado este acto procreador, la colección se concentra en desplomar los íconos de fundación nacional como son el hogar, la familia y la pareja heterosexual. Mujeres flotantes y circundantes pueblan estas historias y se enuncian silenciosamente en el lenguaje de la sexualidad y el placer indiferentes a categorías tradicionales de género sexual. En "Historia de la soñadora y la muchacha de seda", Mosquera presenta a Carmen, un personaje andrógino con características de mujer y de hombre. El encuentro sexual entre Carmen y Adriana, las dos protagonistas de la historia, es un encuentro en el cual no existen las tradicionales imágenes de penetración y "performance" de género sexual puramente heterosexuales ni homosexuales. El espacio de esta historia, al igual que los espacios de la mayoría de los cuentos de la colección, está rodeado por la presencia de la guerra e imágenes de un pueblo abandonado. La interacción entre Adriana y Carmen está en constante competencia con "las voces de la guerra" [8] terminando por imponerse sobre éstas últimas. Por otro lado, la imagen ya más central del pueblo abandonado y vacío reaparece en "El séptimo piso", el cual toma lugar en un edificio abandonado en un pueblo donde todo está deshabitado, "el país del olvido" [9].  Una vez más se presenta el desplazamiento de lo familiar, de lo hogareño como embrión de la nación misma como espacio ya vacíado de significación. Los múltiples símbolos tradicionalmente asociados a la nación y a los sujetos nacionales están conscientemente re-significados como memorias del pasado y no como características que constituyen y narran la nación en el presente. En un afán por desplazar el hogar como alegoría de la nación, Mosquera constantemente abre las puertas de la casa, elimina las paredes que separan lo público de lo privado y hace que sus personajes graviten en ambos ámbitos.

Luz Macías, en Los pasos/The Steps [10], su colección bilingüe de cuentos, le da un tratamiento diferente a la esfera privada. En su cuento "La mansión", la niña protagonista desarrolla una obsesión con la misteriosa mansión que está en frente de su casa. La casa luce abandonada, y sólo abre sus puertas esporádicamente para dejar entrever sus privilegiados residentes: una pareja rubia que no interactúa con las otras personas del vecindario. Nadie tiene acceso a la casa y la niña eventualmente trata de irrumpir en este espacio ya que "quería invadir ese mundo que [le] prohibían desflorar" [11]. Hacia el final del cuento, las dos realidades prometen unirse, pero no hay resolución a esta separación de esferas de clase y raza definidas en el texto. Este cuento, al igual que la mayor parte de esta colección, está permeado de un aire de misterio.

"Los pasos," el cuento que le da el título a la colección, es el cuento más directamente relacionado con el tema de la violencia y la persecución. Está situado en Nueva York, pero el efecto del horror y la impotencia frente a un poder ciego que se alimenta de dicha impotencia es el mismo efecto que puede ocurrir en cualquier lugar. Hay un sujeto que persigue dentro de la casa y quien es a su vez perseguido por alguien desde afuera. Esto agudiza y afirma el hecho de que no hay ningún espacio seguro. Lo anterior crea una sensación de encrucijada, de callejón sin salida, que se repite en muchos de estos cuentos y que revela un tono denunciatorio ante la inseguridad que los protagonistas viven dentro de un espacio que ha sido considerado seguro.

Sin duda alguna, el escritor del grupo cuyos cuentos están en diálogo directo con el complejo fenómeno socio-político colombiano es Juan Pablo Salas. Su colección de cuentos Crónicas del último colombiano [12], combina elementos mitológicos indígenas con elementos de la historia oficial desde las crónicas hasta los eventos más actuales, y con la tradición popular no sólo alrededor de lo oral sino también alrededor de la cultura del narcotráfico y de las luchas políticas. El cuento "El último colombiano" es el testimonio del cruce de la frontera venezolana por Don Sebastián García en su mula, el último colombiano en dejar el país y el último de su familia en salir. El cierre de la frontera marca la desintegración y desaparición del espacio que se conoce como Colombia, espacio que queda ocupado únicamente por la tradición oral de El Dorado. Lo que queda es lo que constituyó el espacio americano en objeto de deseo en el imaginario europeo. Don Sebastián García abandona un país ya relegado a la soledad, a la violencia absoluta, al no futuro: "El país entero había sido limpiado de todo rastro de colombianidad de sus paredes, bibliotecas, archivos y centros de cómputo. Nadie recordaría jamás en el futuro ni en su sangre, la existencia de una tal nación. El nombre de Colombia se desvaneció en los años por venir" [13].

El cuento contiene una propuesta clara de solución al problema de Colombia, que parte de una afirmación del proyecto nacional colombiano como proyecto fallido. Don Sebastián García, en el anexo del cuento, declara en edicto popular del 7 de agosto del año 2092, "la disolución definitiva y eterna de la nacionalidad colombiana... El territorio nacional debe estar despoblado por 50 años, para luego ser repartido entre las naciones circundantes: se extingue la noción de nación, en tanto que los tres elementos fundamentales que la componen —pueblo, territorio e idiomas— han sido dispersados a través del mundo entero... con el propósito de terminar con esta guerra que nos mantiene en perpetuo aniquilamiento mutuo y disolver la sangre guerrera entre las demás naciones, para aminorar su efecto y redistribuir su carga. Firmado Don Sebastián García. El último colombiano" [14]
.
Ciertamente, el carácter fatalista que establece una noción de finalidad, de ultimátum, contiene su propia problemática. Este cuento en particular, y  los otros cuentos de la colección, sirven a manera de análisis más detallado de diversas situaciones que vienen a explicar el por qué la única solución viable es la de eliminar la nación. Personalmente, creo que el potencial de los textos de Salas radica, no sólo en la madurez y versatilidad de su prosa proveniente de sus quehaceres tecnológicos que lo han orientado hacia la ciencia ficción, sino también en un arriesgado esfuerzo por ofrecer una solución.

Sin duda alguna, la experiencia textual de las múltiples tragedias colombianas, obligan al lector a cuestionarse, igualmente, la validez de la existencia de Colombia como nación. Es un paso obligado para toda persona que entre a existir en la diáspora. Es la realidad de estos autores, al igual que la mía, y la de todos los que residimos en Miami de forma contrapuntual, entre el aquí y el allá. Aún más, para lectores entrenados, la respuesta inmediata como fue la mía, es la de examinar las teorías sobre la constitución de la nación moderna, el cual será mi trabajo posterior. Sería interesante analizar cómo las teorías de Benedict Anderson, Homi Bhabha, Julia Kristeva, Hobbesbawn y Gloria Anzaldúa, para nombrar las más conocidas y trabajadas, ayudarían a explicar o no el proceso de desintegración de la nación colombiana.


Notas:

[1] Miami Beach: La Cueva de la Sibila 2:2 (Otoño/Invierno 1999).
[2] Miami Springs: Editorial CONESCA, 1995.
[3] p. 67.
[4] Jaime Cabrera González. Miami: Coral Press, 1996.
[5] Entrevista con Jaime Cabrera, Miami Beach, FL, 1ro. de agosto, 2000.
[6] "Como si nada pasara", p. 19.
[7] Gente Nueva Editorial: Bogotá, 1997.
[8] p. 15.
[9] p. 99.
[10] Gente Nueva Editorial: Bogotá, 2000.
[11] p. 18.
[12] Ibagué: PRONTO, Soluciones Gráficas, 1999.
[13] p. 108.
[14] p. 109.

La autora:

Doctoranda de la Facultad de Lenguas Extranjeras  y Literaturas de la Universidad de Miami.
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©  Ligia Sierra Aldana

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124-9282
Ensayo

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen I - Número 4
Enero-Febrero-Marzo 2001

PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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VOLUMEN I - NÚMERO 4